15 de mayo de 2014

Los árabes antiguos

La ignorancia es fruto de muchísimos males, casi siempre de los peores, por eso para comprender a la gente y su forma de vida resulta necesario conocerlos en profundidad y no solo rascar en la superficie, de donde solo se suelen extraer prejuicios. Así que voy a desvelar algunas notas sobre los pueblos árabes antiguos y de la cultura preislámica, que es la que más adelante condicionó muchos de los preceptos de su nueva fe y hacia donde podemos volvernos para comprender las más profundas motivaciones y creencias de todo un pueblo.

El sustantivo árabe proviene de la palabra arab que significa árido. Los pueblos árabes son los oriundos de la península arábiga, uno de los lugares más duros de la tierra, calcinado por el sol y cubierto de arena, donde el calor es sofocante y la lluvia inexistente, haciendo del agua el bien más preciado, incluso más valioso que la vida humana. Los árabes hablan al igual que los hebreos una lengua de origen semítico con un alfabeto y sintaxis propias, muy adecuado para la poesía y tan flexible como para representar con muchos nombres las distintas manifestaciones de la naturaleza.

Desde antiguo, todos los pobladores de Arabia eran nómadas, pues para hacerse sedentario es necesario poder tener a disposición tierra fértil y agua en abundancia, y se dedicaban principalmente al bandidaje y al comercio de algunos bienes de lujo como el oro, el incienso y la piedra, que abundaba en las pedregosas llanuras a las que la arena aun no había engullido. Generalmente, los mayores asentamientos se encontraban junto a los oasis o junto a fuentes de agua más o menos constantes y se distribuían principalmente por el norte, cerca de las rutas comerciales de la media luna fértil, y al sur bordeando la costa del mar rojo donde se crearon pequeñas ciudades semi permanentes como La Meca y Medina, que además prosperaban gracias al lucrativo comercio de ídolos religiosos. En efecto, la soledad del desierto y la proximidad de las estrellas, ha hecho del árabe un ser profundamente espiritual, que acostumbrado a la dureza del entorno y condenado a una vida de privaciones, ha confiado en que de una manera u otra, la muerte los liberaría de todas la penalidades.


Los árabes eran supersticiosos y politeístas. Creían en una miriada de dioses, genios de fuego y espíritus que encarnaban los diferentes fenómenos naturales, como han hecho todas las culturas antiguas desde que el hombre es hombre.Sobre todo veneraban al sol, la luna y las estrellas (por eso la media luna y las estrellas son símbolos frecuentes en banderas y estandartes), aunque sentían especial reverencia por todo lo que viniera del cielo, es por eso que los meteoritos debieron ser la panacea y su culto de lo más sofisticado. Muy probablemente este es el origen de la piedra negra que con tanto celo se reverencia actualmente.

Con todo, eran gentes anárquicas, que jamás desarrollaron ninguna estructura que pudiera parecerse a un Estado, más allá de la tribu, compuesta esta por unas pocas familias emparentadas entre sí. No es de extrañar que en estas difíciles circunstancias, la mortalidad fuese altísima, especialmente la infantil. Por eso se practicaba con asiduidad la poligamia, pues la proporción de mujeres era bastante más alta que la de los hombres, que frecuentemente encontraban un fin prematuro por las armas, y era usual que los que quedasen se hiciesen cargo de las viudas de las de los demás. A parte la necesidad de perpetuación hacía necesaria la procreación de un buen número de hijos, de los que pocos llegaban a la edad adulta. Así, limitados en número y castigados por el clima, al árabe solo le quedaba una visión ultraterrena de cómo debía ser un paraíso,exuberante y plagado de cosas mundanas, a las que su corazón se sentía inclinado a causa de las privaciones que el desierto impone a todo aquel que se adentre en el.

Sin embargo, en el norte, una zona bastante inaccesible y repleta de montañas, floreció una civilización urbana espectacular, la nabatea. Estos eran la tribu más septentrional y la que mejor se había beneficiado del comercio entre Egipto y Siria, por lo que aprovechando la abundancia de piedra, construyeron una de las más maravillosas ciudades que se hayan visto nunca, Petra. Como es natural, Petra atrajo la atención de los romanos, y el emperador Trajano la incorporó al imperio romano en una nueva provincia, arabia pétrea. Esto no solo sirvió como baluarte para los romanos, sino que brindó a los árabes la oportunidad de absorber a la cultura greco-romana, introduciendo en la península las ideas y creencias del imperio. Particularmente importantes fueron las comunidades cristianas y judías que comenzaron a formarse y cuyo monoteísmo al principio, no llamó mucho la atención, pues los árabes eran y aun son muy conservadores, se resistieron a la conversión de religiones extranjeras.

También el imperio Persa se interesó por ellos (con lo que guardaban más afinidad ideológica y cultural que con los romanos) y los empleaba a menudo como mercenarios para hostigar a los romanos, pues a parte de ser buenos comerciantes, los árabes eran famosos guerreros por la rapidez con que sus caballos y camellos podían atacar y retirarse. Los monarcas persas establecieron pequeños puestos militares en el estrecho de Ormuz y en el Yémen, para vigilar las rutas comerciales marítimas que llegaban desde la India. Como en el caso de los romanos, el contacto con los persas le sirvió a los árabes para aprender de una cultura más avanzada y de la que aprendieron mucho tanto de arquitectura como de agricultura, lo que posteriormente iba a sentar las bases de su civilización cuando al fin dieran el salto a la conquista organizada y al sedentarismo, pues ninguna cultura puede desarrollarse sin disponer de los recursos mínimos para su subsistencia, lo que en última instancia empuja a los nómadas a adquirir por la fuerza lo que otros tienen y ellos necesitan.

En general podemos decir que para los antiguos, Arabia no era más que un inmenso desierto exótico habitado por peligrosos salvajes. Ni griegos ni Romanos supieron nunca lo que había más allá de unas pocas plazas cercanas a la costa, aunque Alejandro Magno tuvo la tentación de realizar una expedición militar, de la que la muerte le apartó a tiempo. Los árabes por su parte jamás tuvieron consciencia de conformar un solo pueblo, y solamente compartían además de la miseria, dialectos los suficientemente parecidos para comunicarse entre si y algunas creencias vagamente comunes, lo que desde luego puede servirnos para comprender las dificultades a las que Mahoma y sus sucesores tuvieron que hacer frente para dar a todas estas tribus una identidad y un objetivo común.

Después de estas breves reflexiones, una mente despierta, que sea capaz de visualizarse viviendo hace miles de años en tales circunstancias, podrá entender mejor el carácter, la naturaleza y los problemas a los que esta civilización tiene que enfrentarse. De hecho la idea esencial, es comprender que el ser humano ha estado siempre subordinado a su entorno y pese a todo, nuestra capacidad de cambio y adaptación esta también en la esencia de lo que somos. Por eso, negar los cambios y anclarse en el pasado, impide afrontar correctamente el presente y el futuro, y el espíritu de las tradiciones, es conservarlas en la medida en que estas nos hacen mejores y no en lo que impiden el progreso y anulan el espíritu crítico, auténtico motor del pensamiento y la cultura. A causa de esa falta de adaptación, los árabes conocieron su decadencia, y esas fuerzas centrífugas que los acompañan desde antiguo, sumado a una mentalidad beduina de inmovilismo social, son taras que les han acompañado a través del tiempo, pero que al igual que pasó en otros lugares, son cosas a las que si se combate se puede derrotar.

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Restitutor Orbis, Lucio Domicio Aureliano

Decía Gore Vidal a través de uno de sus personajes en una novela, que "un héroe debe cuidar de su propia memoria, por que nadie más lo hará". Y efectivamente, la memoria colectiva que es la historia, a menudo, trata injustamente a sus protagonistas o aun peor, los condena a vivir en la penumbra, medio sumergidos en una completa oscuridad. Este es el caso del emperador Aureliano, un hombre formidable, a quien sin embargo la posteridad no ha tratado con la importancia que se merece, y que siguiendo los pasos del sabio orientalista Iban Morris, hoy aquí, honraremos la nobleza de su fracaso.

Lucio Domicio Aureliano nació en Sirmio, en Iliria, una región difícil de vida dura, tierra de agrestes pastores, acostumbrados a las razzias de las tribus del otro lado del río Danubio. De lo único que podemos estar seguros es de que por escuela tuvo el cuartel, y de que el ejército romano fue toda su vida. Precisamente, en el momento en que Aureliano se incorporaba a filas, comenzaba el periodo más caótico de la historia romana, un periodo llamado de anarquía militar, donde los emperadores eran proclamados, depuestos y asesinados por los soldados, que en estado de perpetua guerra civil, desangraron el Estado romano hasta el punto de dividirlo y de quedar hostigado por doquier. Desde la muerte del emperador Alejandro Severo en el año 235, sus sucesores no solían durar en el cargo más de unos pocos meses, o a lo sumo unos breves años, y todos encontraban un final violento, la mayor parte del tiempo a manos de sus propias tropas. La verdad es que incluso un historiador experto se vuelve loco teniendo que recordar los nombres y la cronología de todos los emperadores romanos que se fueron alternando en los siguientes 50 años.

Es en medio de esta caótica experiencia donde se formó Aureliano. Debió de marcarle profundamente ver cómo el mundo romano se iba desintegrando y la disciplina militar desapareciendo, gracias a las generosas dádivas que los usurpadores iban otorgando para comprar la lealtad de los ejércitos. Aureliano era un hombre físicamente muy fuerte, poseía un magnifico dominio de la espada por lo que se gano el mote de "manus ad ferrum" que significa mano sobre la espada (aunque hay autores que no defienden la literalidad del nombre), también era un hombre honrado e inteligente y sobre todo tenía una voluntad inquebrantable. Sin embargo no fue un visionario como Diocleciano, ni un reformador, sus ideas políticas eran las de un militar, es decir, autoritarias, conservadoras, pragmáticas y a menudo insensibles e inconciliables con las posturas de otros.

Su ascenso al poder comenzó bajo el mandato del emperador Galieno. Por entonces Aureliano ostentaba el grado de general de caballería, un cargo importante, gozando de fama de buen estratega a parte de haberse ganado el respeto de los soldados que comandaba. Por desgracia para Galieno, no le brindaban el mismo amor a su emperador, y en el transcurso de una revuelta, se organizó un complot que tuvo éxito y que acabó con su vida. Se discute la participación del alto mando y de Aureliano en todo esto, pero parece difícil que un hombre de su posición no estuviese enterado. Pese a todo aun no era su momento y el ejército proclamó como nuevo emperador a Claudio II, el primero de los emperadores ilirios, pues a parte de ser el superior de Aureliano, también era su compatriota.

Claudio era un hombre capaz a la vez que buen general, y a penas ceñida la corona solo tuvo ocasión de tomar dos decisiones durante su reinado, la primera ascender a Aureliano al puesto de Magister Equitum, o comandante supremo de la caballería y en la práctica su mano derecha, y la segunda la de salir en campaña contra los godos que llevaban años haciendo correrías por Dacia y Tracia, a los que sin no pocas dificultades venció en una gran batalla ganándose el título de "gótico". Desafortunadamente no pudo disfrutar de las mieles de la victoria, ya que un rebrote de la peste en el año 270 puso fin a su vida y resulta obvio hacia donde miró el ejército en esta hora de dificultad. Efectivamente Aureliano era con creces la mejor esperanza del maltrecho imperio y tras un corto periodo de inestabilidad, regresó a Roma donde fue proclamado Augusto.

Ahora que ya nos situamos en la entronización de Aureliano, es hora de detallar la situación a la que tenía que hacer frente. Bajo el desastroso gobierno de Galieno, el imperio romano no solo se veía acosado por los enemigos externos (germanos y persas) sino que se había dividido en 3 partes. Por un lado, en la Galia, un general rebelde llamado Póstumo se hizo con el control de casi todas las provincias occidentales y durante 15 años lo dirigió como un Estado independiente y autónomo, aunque siguiese siendo parte del mundo romano. En el este había pasado algo peor si cabe. Zenobia, reina de Palmira, (una poderosa ciudad de la provincia de Siria), tras el debilitamiento de la autoridad central debido a las innumerables guerras civiles, había decidido hacerse con el control, y coronó a su joven hijo emperador, a la vez que se anexionaba Egipto y casi todo el oriente. Así pues a Aureliano solo le quedaba la franja central, es decir Italia, África y los balcanes.


A la vista de esta situación, lo primero que se propuso fue asegurar su parte del pastel, y marchó a los Alpes, donde masacró a todas las tribus de germanos que aun seguían acosando al imperio. Inmediatamente después decidió que era la hora de acabar de una vez por todas con los usurpadores Galos. A la sazón Póstumo estaba ya muerto y su lugar era ocupado por Tétrico, un hombre bastante gris en todos los sentidos. No le fue difícil a Aureliano someterlo tras algunas refriegas, y reincorporar Europa al dominio de Roma, lo que aumentó considerablemente su poder y sus recursos, aunque también sus problemas.

Pese a estos éxitos, aun quedaba lo más peligroso, vencer a Zenobía. Ésta, a sido a menudo compara con Cleopatra por su belleza e inteligencia, poseedora de una ambición inmensa así como los medios suficientes para satisfacerla. Por un lado contaba con una parte del ejercito regular romano, por otra, le adhirió un elemento nuevo, los catraphactos, caballería pesada revestida completamente con una armadura compuesta, muy resistente y versatil que los hacía temibles. Con estas fuerzas en su contra, iba a resultar complicada la tarea y es ahora donde el emperador iba a tener que mostrar toda su fuerza y su capacidad, siendo consciente de que para alguien de su posición en el siglo III, la derrota suponía ser asesinado por sus propios hombres, lo que no le dejaba mucho margen de actuación, cumpliéndose aquello de vencer o morir.

A Aureliano le acompañaba un ejército considerable, unos 100.000 hombres curtidos por las recientes batallas. El primer encuentro importante con las fuerzas de Zenobia, se produjo en la ciudad de Antioquía, la puerta hacia Siria. No fue un momento agradable por que la caballería de Palmira superó a la romana, sin embargo los legionarios de Aureliano se mantuvieron firmes y se hicieron con el campo pese al revés sufrido.Tras asegurarse la provincia y cortar a Zenobia de sus demás posesiones orientales, puso al fin sitio a la ciudad, aunque no duró mucho, pues viéndose ya perdida, la reina huyó en dirección a Pérsia, aunque a su pesar fue capturada poco antes de cruzar el Éufrates. Con este tremendo éxito Aureliano, manus ad ferrum, volvía a unificar el mediterraneo bajo el cetro de Roma, poniendo fin a una crisis que pudo perfectamente haber acabado con el Imperio Romano 200 años antes de su cruel final.

Hay que comprender en profundidad la gravedad de la situación a la que Aureliano y el mundo romano se enfrentaron. Un imperio dividido en tres partes, un alud de tribus germánicas asaltando las fronteras, la moneda en una espiral de deflación, las ciudades en ruinas, la peste causando estragos entre la población y los ejércitos devastados en guerras intestinas. Frente a este panorama muchos romanos, el emperador incluido, se sintieron castigados por los dioses, abandonados a su suerte, por eso una de las primeras cosas que hizo Aureliano una vez reunificado el imperio fue consagrarse a un nuevo dios que él mismo creó,y del que se hizo una especie de profeta, el sol invicto, un sincretismo religioso entre las antiguas deidades greco-orientales y el nuevo monoteísmo cristiano cada vez más presente en la sociedad, que junto a la filosofía neoplatónica, buscaban en última instancia la simplificación de las creencias preexistentes en busca de un creador y un fin último que pese a sus múltiples manifestaciones fuera origen de todas las cosas. En esta época el neoplatonismo y el cristianismo se retroalimentan al mismo nivel que se combaten, lo que ideológicamente no benefició en nada al imperio y peor, acabó en persecuciones y matanzas de toda clase.


De vuelta en Roma en el año 274, tras solo cuatro años de reinado, Aureliano volvía con toda la gloria de quien ha devuelto a la urbe a su legítima posición, y por ello el senado le otorgó el título de "Restitutor Orbis", restaurador del mundo, lo que me recuerda mucho al caso de Mario, que tras salvar a Roma fue nombrado Segundo Camilo, o tercer fundador de la ciudad, lo que de algún modo hace de Aureliano el cuarto.También volvió con un considerable botín, con el que financió un triunfo tremendo en el que exibió a Tétrico y a Zenobia cubiertos de cadenas como muestra palpable de su victoria. Aunque una muestra más de su confianza en sí mismo y de la contundencia de su victoria fue el hecho de que perdonó la vida de ámbos y les permitió incluso vivir en una relativa libertad. Sin embargo y pese a tantos éxitos, ahora le tocaba afrontar una tarea si cabe más compleja que la anterior, la de gobernar y reformar el imperio.

A parte de la reforma religiosa que vimos antes, otra de las cosas que emprendió este infatigable hombre fue la reforma de la administración y un intento de centralización del poder, limitando así la capacidad de posibles usurpadores. No me cabe duda que Diocleciano le conoció y sin duda debió de sentirse muy impresionado por el temperamento y las ideas de Aureliano. En definitiva quería dejar la apariencia de cumplimiento de las viejas formas que caracterizaba al principado y sustituirlo por un sistema más autocrático y eficiente, es decir, acabar con las décadas de anarquía política. Por otro lado también empezó a entender que el ejército romano estaba demasiado débil para defender las fronteras y le cedió la provincia de Dacia a los godos, a la vez que ordenó amurallarse a todas las ciudades del imperio.

Esta fue una medida trascendental para Europa, pues es el mejor indicador de que la pax romana se desvanecía y de que la era de los castillos y las ciudades fortificadas de la Edad Media comenzaba a cobrar forma. Con esta medida incluso la propia Roma se amuralló, algo que hasta entonces nunca hizo falta, pues más que el las piedras, el imperio siempre dependió de un brazo fuerte y del valor como mejor defensa.Una vez atendidas las más acuciantes necesidades defensivas del imperio, la siguiente batalla iba a ser contra la corrupción, contra la que Aureliano tomo una serie de medidas contundentes que le granjearon el odio de no pocos perjudicados, entre ellos los pretorianos. 

Aunque las amenazas más graves estaban momentáneamente apaciguadas, aun había un peligro que asomaba por el este en la forma del imperio persa sasánida, siempre presto a aprovechar las debilidades de los romanos para anexionarse algún que otro territorio, cosa que Aureliano no iba a consentir. Así que marchó al frente de sus tropas para hacer aquello que mejor se le daba, la guerra. Lamentablemente, el destino no iba a estar esta vez de su parte, y al igual que todos sus predecesores antes que él, fue víctima de un oscuro complot que acabó con su vida en su quinto año de reinado.

No sabemos ni quien lo instigó ni el por qué, ya que Aureliano era un hombre muy popular y victorioso en el combate. Algunas fuentes hablan de un secretario del emperador como el promotor del asesinato, aunque no se puede confirmar. Lo que sí es cierto, es que Roma perdió a un hombre al que le tocó vivir en una época muy complicada, pero que estuvo a la altura. Diocleciano proseguiría su obra política 10 años más tarde y el imperio vería cómo la estabilidad se recuperaría relativamente bien.

No fue un Julio César, ni tuvo tiempo de convertirse en un gran soberano, pero salvó al Imperio romano tanto de sí mismo como de los demás, y para un emperador, no puede haber mejor epitafio.
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7 de mayo de 2014

Técnicas modernas de determinación histórica

Durante mucho tiempo, prácticamente el único método que existía para fechar hechos, objetos y lugares, era la arqueología y su contraste minucioso con las fuentes de la época. Especialmente en el siglo XIX, esta tuvo su época dorada y quienes la practicaban, aun utilizando técnicas bastante rudimentarias, consiguieron maravillas en Grecia o en Egipto. Es muy llamativo el caso de Schlieman, que con una pala y un puñado de obreros y usando la ilíada como mapa, encontró las ruinas de Troya.

Afortunadamente, hoy los investigadores y los historiadores a parte de valerse de la arqueología moderna, mucho más precisa (yo he visto a egiptólogos escribir libros enteros solo con estudiar un trozo de cerámica) utilizan muchos otros métodos y ciencias aplicadas para poder datar mejor y comprender los hitos pasados y la magnitud del devenir de los tiempos. Así que me he propuesto desvelar algunos de los principales complementos que puede usar el erudito que desee profundizar más en el estudio de una época.

En primer lugar y sin salirnos aun de la esfera de la arqueología, esta ha evolucionado de forma ramificada, especializándose cada vez más en subtipos concretos. Dos de los más recientes y de los que más hemos aprendido son la arqueología marina y la arqueología aérea. La marina no plantéa grandes interrogantes, pues solo por el nombre podemos deducir que se ocupa del análisis de los restos hallados en el mar, aunque técnicamente se requiere una gran cantidad de medios y de dinero para llegar hasta ellos (buzos, barcos, ingenieros, remolques y hasta submarinos). La arqueología aérea es un fenómeno aun más reciente y bastante más inusual que el anterior. Consiste en que una serie de expertos vuelan a baja altura realizando un reconocimiento del terreno y determinando la ubicación de ciertos lugares a base de identificar marcas en la tierra que solo pueden verse a cierta distancia. Algo fascinante.

Después tenemos otra de las formas tradicionales que junto a la arqueología han servido como complemento al historiador, la numismática, o estudio de las monedas. Los expertos en esta disciplina son capaces de averiguar grandes cosas analizando la composición metalúrgica de las monedas, su forma de acuñación y por supuesto gracias a las inscripciones, los dibujos y los símbolos  que las salpican, que a parte de artísticos pueden llegar a corroborar hechos conmemorativos o autentificar la existencia de algún personaje que de otro modo no conocido salvo por las leyendas. También debemos mencionar la epigrafía, que es el estudio de las inscripciones en piedra, y que junto con la numismática han sido las manos derecha e izquierda del historiador tradicional.

Siguiendo nuestro recorrido, en los últimos 40 años ha aparecido un fenómeno llamado recreación histórica. Quienes la practican, a menudo historiadores o aficionados apasionados, se visten de la época que pretenden recrear (como por ejemplo de legionarios romanos), y se dedican a hacer actividades propias de los originales de la forma más realista posible. Así se puede comprobar la efectividad de las formaciones militares, la movilidad y el peso de la armadura, el tiempo que se tarda en construir fortificaciones y sumergirse psicológicamente en otro mundo para facilitar su comprensión.

Gracias a la recreación se han podido contrastar fuentes y ver cuales son las más veraces y cuales exageran abiertamente, por que si Julio César dice que tardó 2 meses en construir 60 km de empalizadas alrededor de una ciudad, y luego un grupo de recreadores es capaz de hacerlo en más o menos las mismas circunstancias y con los mismos materiales, podemos suponer que realmente esta siendo fiel a la verdad. La parte negativa es que últimamente el tema ha degenerado bastante, y los recreadores son cada vez menos rigurosos, más parecidos a una fiesta de disfraces que a una verdadera experiencia práctica.

Tras todo lo anterior, que estaba estrechamente relacionado con la arqueología y la historia, nos vamos a encontrar una larga serie de disciplinas científicas aplicadas, muy útiles e incluso esenciales para promulgar nuevas teorías o corroborar nuestras hipótesis. Algunas de estas ciencias son la química, la vulcanología, la climatología y la dendrocronología.

El uso de la química a parte de servir para datar, recientemente a comenzado a ser utilizado para comprobar determinados sucesos tales como los envenenamientos. Cuando un autor nos relata que alguien murió habiéndose puesto de algún color sospechoso y cubierto de sarpullidos, puede esclarecerse mediante su comprobación en laboratorio si estos síntomas se pueden corresponder con la reacción hacia una sustancia determinada. Por su parte, la vulcanología es si cabe bastante más interesante por que como sugieren estudios recientes, la evololución de muchas especies, entre ellas la humana, está determinada por las erupciones volcánicas, capaces de alterar el clima de una forma radical y repentina con todas las consecuencias que nos podamos imaginar. Un ejemplo perfecto sería el de la erupción minoica del supervolcán de la isla de Santorini, en Grecia. Las fuentes y los arqueólogos siempre nos han hablado de que un oscuro desastre natural, un terremoto o un maremoto devastaron la isla de Creta y acabaron con la primera civilización que hubo en Europa. Sin embargo solo muy recientemente, gracias a avanzados estudios, ha sido posible reconstruir lo que pudo suceder y el impacto que la erupción de un volcán pudo haber tenido sobre las poblaciones aledañas, no solo tras la violenta sacudida inicial, sino tras un largo periodo de entre 50 y 100 años después. Tengamos en cuenta que la ceniza es capaz de bloquear la luz del sol e impedir que crezcan las cosechas. Incluso el mismísimo Napoleón sufrió el ceniciento castigo de la naturaleza al tener la mala suerte de que una erupción enorme en Indonesia causara que el invierno de 1814 fuera devastador para sus tropas en Rusia debido a que el clima se enfrió salvajemente.


Muy ligado a lo anterior esta la climatología. De hecho no hay que ser ningún filósofo para darse cuenta de la importancia que tiene para las personas el ambiente en el que viven y cómo repercute en nuestra cultura y en nuestra forma de vida. Los antiguos, sin ninguna de las comodidades que la tecnología nos brinda estaban mucho más expuestos y eran bastante vulnerables frente a cualquier cambio que se produjera. La otra faceta de esta ciencia aplicada es el inverso, es decir, la repercusión que en el clima tuvo la actividad humana. Para comprobarlo se han hecho expediciones a los casquetes polares y se han tomado muestras de hielo que contienen altas cantidades de plomo, fruto de la actividad industrial altoimperial romana de los siglos I y II, que no volvieron a repetirse hasta la llegada de la revolución industrial casi dos milenios después.

Por último, nos topamos con una ciencia que muy poca gente conoce, la dendrocronología, el estudio de los anillos de los árboles, que sirve para poder determinar su edad y la antiguedad de la madera. Esto nos resulta tremendamente útil como termómetro de nuestro pasado, pues al igual que el hielo, los árboles son muy sensibles y fosilizan en su interior cualquier cambio ambiental o agresión externa y nos da claros indicios de una actividad humana determinada. Además gracias a sus anillos, se puede datar con precisión milimétrica el cuando esta actividad pudo haberse llevado a cabo. Así que cuando veáis a alguien talando un árbol milenario, ya podéis recordar que están talando una parte de nuestro pasado (a parte del brutal atentado contra la naturaleza).

Aunque en este austero resumen no se agota ni de lejos la complejidad y los límites de este tema, ni tampoco he podido citar las innumerables ciencias aplicadas al respecto, sí hemos visto generalmente algunas de las más importantes, y al menos espero que haya servido para ilustrarnos un poco y poder entender que la ciencia moderna junto a gente inteligente, es capaz de encontrar múltiples formas nuevas para abordar el pasado y arrojarnos mayor luz sobre cosas ya olvidadas o que probablemente nunca supimos que existieran.


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5 de mayo de 2014

Consejos sobre cómo actuar ante el ataque de los germanos

Una breve guía de qué hacer si se produce una incursión en vuestro territorio, muy útil tanto si sois emperadores romanos del siglo III como si sois contribuyentes españoles y una partida de bárbaros cruza el Rin para haceros un ajuste presupuestario, (como se ve el gusto por saquear a los latinos es hereditario).

En primer lugar si veis que os atacan y cruzan el limes, pantalones arriba, no entréis en pánico y cedáis territorios o urbes sin resistencia, pues si los salvajes perciben debilidad y tienen éxito seguro que volverán al año siguiente bastante más envalentonados como hicieron los godos bajo los emperadores Decio y Claudio II.

Segundo, nunca jamás los invitéis a entrar en territorio romano en grandes grupos pues sentirán la necesidad de quedarse. Úselos como mercenarios (poco recomendable) pero mucho cuidado con aceptar a grandes grupos, ya vemos lo que sucedió en Adrianópolis.

En tercer lugar no debemos alejarlos regularmente con “sobrecitos”, la experiencia de marcómanos  y godos nos dice que son como los políticos, una vez que aceptan un sobre siempre quieren más y a la larga esto será desastroso. Recordemos lo que decía Furio Camilo de que la patria no se recupera con el oro sino con el hierro. Los sobornos o tributos solo posponen el problema si es que no lo agravan.

Cuarto; hay que mantenerse muy bien informado de lo que pasa al otro lado del limes y un buen gobernador debe tratar de saber de antemano lo que se puede esperar de sus vecinos. Si el ataque resulta imprevisible se debe reaccionar lo más rápido posible y frenar  la incursión con firmeza para dar ejemplo.

Quinto, si bien por un revés o bien por falta de recursos, el avance enemigo resulta imparable, hay que aprovechar el momento de la retirada, pues cargados de botín se dirigirán de vuelta a casa confiados, ese es el momento de atacar y de provocar la mayor matanza posible. Sin embargo es algo poco deseable, pues un buen gobernante debe garantizar la seguridad y no limitarse a dificultar las razzias como sucedía en el siglo IV en Galia y Britania, donde parcialmente se renunció a cubrir todo el territorio y el sistema defensivo consistía en contraofensivas limitadas.

Sexto, si todo lo anterior fracasa o bien aunque hayamos tenido éxito, es muy recomendable cruzar el limes e infringir severo castigo al enemigo por su osadía. Julio César era particularmente temido por dicho método, característico de los líderes más fuertes. Trajano, Marco Aurelio y Juliano lo practicaron con entusiasmo.

Y aunque sea una obviedad queda por decir que lo peor que se puede hacer es entrenar a los bárbaros o armarles ,pues como el pérfido Domiciano nos enseño, eso es una traición. Luego no os sorprendáis si Decébalo y compañía atacan pues las espadas no sirven para hacer calceta. De hecho el comercio de armas con los germanos estaba prohibido bajo pena de muerte aunque según las evidencias arqueológicas, la prohibición no tuvo éxito.

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Los peligrosos usurpadores de Britania

Desde la anexión de isla bajo el gobierno de Claudio, Britania fue siempre una región imperial muy militarizada, siendo junto con la provincia de Siria uno de los territorios donde había una mayor concentración de tropas. No hay que ser vidente para deducir las tentaciones de los generales romanos destacados allí para hacerse con el poder en periodos turbulentos y muchos aprovecharon la oportunidad aunque solo uno ganó la partida. Por ello voy a hacer un muy sucinto resumen de los más mismos:

Clodio Albino: El primero en ser proclamado emperador por las tropas britanas, fue un hombre fuerte e inteligente y el mayor rival de Septimio Severo con quien sostuvo una dura guerra civil que ya auguraba lo que iba a ser desastrosamente común en el siglo III. Según nos confirma el brillante Goldsworty, la batalla decisiva que sostuvo con Severo en la Galia y en la que perdió la vida, fue como corroboran las fuentes, una batalla inmensa tanto por la cantidad como por la calidad de los soldados. A partir de este momento el ejército romano va a entrar en decadencia.

Carausio: Uno de los hombres más singulares. Fue el comandante romano de la flotilla del canal de la mancha. En un momento dado en medio del caos reinante al principio del gobierno de Diocleciano se colocó la púrpura y comenzó a acuñar moneda haciéndose ver como un gran héroe popular britano. A diferencia de los demás usurpadores, no intentó expandirse y se contentó con gobernar la isla e ir repeliendo agresiones. Tras unos años en el poder fue Asesinado por un colaborador suyo que a su vez le sustituyo en el cargo y que fue rápidamente eliminado por Constancio Cloro. No puedo dejar de ver similitudes entre el caso de Carausio y el de Sertorio, ambos con idéntico final aunque en épocas muy distintas.

Constantino: El único que tuvo éxito y que en verdad consiguió gobernar  como emperador legítimo sobre todo el imperio romano. Tras la rebelión de Carausio, Diocleciano, viendo el peligro de las posibles usurpaciones en Britania, dividió el territorio de dos a cinco provincias con la intención de fragmentar el poder y la administración, pero como con tantas de sus medidas, estaban muy bien intencionadas y bien pensadas (en la teoría), pero su aplicación práctica era un desastre. Resultado: a su renuncia, el sistema político que ideó salto por los aires y el hijo de Constancio, Constantino, es aclamado César (luego Augusto) en York, tras lo que no tardó mucho en pasar a Galia e invadir Italia.

Magno Máximo: Responsable de la caída del emperador Graciano, abandonó la isla para poder controlar la mitad occidental del imperio, lo que consiguió efímeramente. Teodosio, el emperador de oriente acabó marchando contra él y aunque jamás tuvo el talento de su padre, sí que contaba con un tal general Estilicon, sin duda el mejor táctico de su época, que fue el verdadero artífice de la derrota  de Máximo. La principal repercusión que tuvo para los britanos fue el progresivo abandono de la autoridad imperial de las necesidades de la región.

Constantino III: El último, con él termina el dominio militar romano de Britania. En 406 los germanos acaban por derrumbar el limes del Rin y ante la ineptitud de Honorio, un nuevo caudillo se alza en Britania. Lo primero que hace es dejar Prácticamente desguarnecida toda la provincia y pasa a Galia desde donde afianza su posición y combate a las distintas tribus que allí se encuentran. Es una época muy oscura y es muy triste leer como se van disolviendo los restos del ejército romano ya reducido a poco más que a bandas compuestas por germanos y mercenarios. Tras algunos pequeños éxitos, cae frente a Constancio, uno de los esbirros de Honorio. De esta partida de soldados es de donde proviene aquella imagen del dolor de los britanos por su abandono y también dan comienzo las leyendas artúricas.


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22 de enero de 2014

La antigua Roma : Grandeza y caída

Es curioso que ingleses y alemanes, a pesar de ser de ascendencia germánica, sean los mejores eruditos de la Roma clásica y los más entusiastas estudiosos de la misma. Un reflejo de ello son las tremendas producciones que hace la BBC y la cantidad de recursos que invierten en hacer reportajes y documentales de calidad. Una de sus más recientes  creaciones, es la que ahora quiero presentar aquí; La antigua Roma, grandeza y caída, que es una miniserie documental de 6 capítulos que narra de una forma incleiblemente rigurosa y moderna las vidas de 6 personajes cruciales en la historia de Roma. Una de las principales características que hacen a esta producción tan atractiva es sin duda su gran calidad (parece una película) y el hecho de contar con la participación de algunos actores famosos que no solo hacen la cinta enriquecedora sino que además uno se entretiene de verdad.

Los capítulos son los siguientes:

Revolución : Empieza en el año 146 a.C. y sigue la vida de Tiberio Sempronio Graco, el paladín de la justicia social y un personaje trascendental en la historia romana, pues toda la obra reformista de Mario y de Julio César estará siguiendo la estela de lo hecho anteriormente por Graco.
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Julio César : El nombre ya lo dice todo. Este episodio cuenta con todo detalle el ascenso de César al poder y es impresionante el detalle logrado para recrear batallas y equipamientos por no hablar de la cantidad de extras... sin duda han tirado la casa por la ventana.

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Nerón : Uno de los mejores capítulos gracias a la magistral actuación que hace Michael Sheen interpretando al emperador Nerón. Se nos narra el gran incendio de Roma del año 64, sus consecuencias y sobre todo el descenso de Nerón a la locura que le llevó a perder la cabeza y después el trono (además de la vida).

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Rebelión : Simultaneamente a los acontecimientos que vimos durante el reinado de Nerón, se desencadenó la primera gran rebelión de los judíos contra el imperio romano. Esta es la historia de dicha rebelión, de la mano de uno de sus grandes protagonistas Flavio Josefo, que no solo la vivió sino que también la escribió y es gracias a lo cual hoy podemos saber lo acaecido. También nos cuenta el ascenso del general Vespasiano y de su hijo Tito al poder, en un derroche de efectos especiales y todo lujo de detalles.

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Constantino : Avanzando un paso más, entramos ya en la última etapa de la historia romana, una que marcó un cambio de rumbo en el destino de occidente, pues este episodio nos mostrará, cómo el emperador Constantino asumió el poder y cómo transformó el imperio, dándole una nueva religión : el cristianismo.

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La caída de Roma : Título algo impropio pues los hechos que nos narran suceden 60 años antes del final oficial que la historiografía da al imperio de occidente. Sin embargo nunca más patenté fue la descomposición de Roma que cuando el bárbaro Alarico entró en la ciudad y la saqueó, algo impensable solo unos pocos años antes y que acabó definitivamente con la fuerza espiritual que todavía le quedada al imperio.

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Los enlaces son para descargar los episodios desde Mega, lo que hace el proceso muy sencillo y sin ninguna traba. Naturalmente se encuentran en la mejor calidad pues es de cosecha propia y no será nada fácil encontrarlos en internet como yo los dejo aquí.

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28 de noviembre de 2013

La vida de Aquiles

"Canta oh diosa, la cólera del pelida Aquiles, cólera funesta que causó infinitos males a los aqueos"...

Con estas palabras no solo comienza la Iliada de Homero, sino toda la cultura occidental. Aquiles fue por un lado el más famoso y distinguido de todos los héroes griegos y a su vez representaba algo mucho mayor; el arquetipo del espíritu del hombre griego, con todos su vicios y sus virtudes llevadas a su máximo exponente.Y algo que significaba tanto para la cultura griega quiere decir que significa mucho también para la nuestra, y por ende tenemos el deber de conocer y conservar la memoria del mayor guerrero que según parece anduvo por la tierra.

Robert Graves lanzó una acusación severa a sus contemporáneos diciendo que no se puede ser una persona realmente culta sin conocer en profundidad la mitología griega. No podemos estar más de acuerdo, y por ello he decidido iluminar un poco a los curiosos, pues la gran mayoría de la gente, solamente conocen unos mínimos datos de este archifamoso personaje y el resto tienen una idea errónea y sesgada por el cine o las novelas, que son estupendas para entretener pero de las que nunca nos hemos de fiar.

Aquiles era hijo de Peleo. Peleo era el rey de los mirmidones y en su juventud fue uno de los argonautas que partieron con Jasón a buscar el vellocino de oro. De esta aventura se trajo mucha fama y riquezas a casa, donde su siguiente objetivo fue formar una familia. Para ello necesitaba en primer lugar una esposa y no una cualquiera, pues Peleo se había enamorado de una ninfa, es decir una diosa inmortal, y eso la hacía una mujer difícil de conquistar. Tras mucho esfuerzo lo consiguió, y tras violarla, la desposó (en la mitología griega la violación es algo de lo más normal y raro es el que no la practica).

A la boda entre Tetis y Peleo acudieron todos los reyes y príncipes de Grecia así como los propios dioses olimpicos, y la celebración fue uno de los momentos más felices que encontramos en unos mitos repletos de tragedia y drama. Sin embargo, ni siquiera ahora se puede librar uno del destino, pues fue durante el banquete de bodas cuando la diosa de la discordia Eris, molesta por no haber sido invitada, lanzó sobre la mesa una manzana de oro "para la más bella", título que las 3 diosas más poderosas (Hera, Atenea y Afrodita) se diputaban, lo que a la postre será la ruina de Troya, pues Paris, hijo del rey Priamo, juzgó que era Afrodita la más hermosa y su premio fue la hermosa Helena.

Al poco tiempo nació Aquiles, semidios al igual que la mayoría de los héroes de la época, pero con un destino mucho mayor, pues a su madre le había sido profetizado que Aquiles tendría que elegir entre disfrutar de una vida larga y feliz pero carente de importancia o una vida efímera pero intensa, cuya gloria sería inmensa. Realmente si nos ponemos a pensarlo muy en profundidad y con la debida calma, descubriremos que de algún modo todos tenemos que tomar esa elección metafórica en algún momento de nuestra vida. Asustada, Tetis sumergió a su hijo en la laguna estigia, lo que hacía invulnerable su cuerpo a las heridas, pero al sumergirlo lo sujetó por el talón, con lo que esta parte quedó desprotegida.

Unos años después, el joven niño ya destacaba por lo impulsivo de su carácter y su valor a toda prueba, y por ello su padre lo envió a ser educado por el sabio centauro Quirón, que le enseño todas las cosas que un príncipe debía de saber y por supuesto lo instruyó en el ejercicio de las armas, que era sin duda para lo que quien se convirtió en su alumno favorito estaba más dotado.

Al volver a casa se encontró con que Ulises y compañía preguntaban por él para hacerlo embarcar hacia Troya, pero su madre se oponía a que participara en esta expedición pues conocía cual funesto sería para Aquiles, por lo que se lo llevó a la corte del rey Licomedes y allí lo escondió vestido de mujer. Sin embargo Ulises que por encima de todo era muy astuto lo descubrió y le convenció de acompañarles, aunque no sin algunas reticencias pues acababa de tener un hijo con una de las hijas de Licomedes al que llamó Neptólemo y que sería su único descendiente.

Así pues partieron todos juntos, aunque Aquiles disfrutaba sobre todo de la compañía de su amigo de la infancia Patroclo, al que conoció durante su estancia con Quirón y por el que sentía un un amor apasionado. Para los griegos las mujeres eran un mal, hermoso pero un mal, y su función era la de procrear hijos. Los hombres que se enamoraban de las mujeres estaban cometiendo una especie de vicio sobre el que pesaba algún castigo como le sucedió a Paris con Helena, pues el verdadero y puro amor solo podía existir entre hombres, entre iguales.

Al arrivar a Troya, se dedicaron durante 9 años a matar y saquear sin miramientos. Aquiles era el guerrero más temido de entre los griegos, pues era tremendamente fuerte y veloz, a la vez que amado por los dioses y cuyo ímpetu en la batalla nadie contenía. Era también un hombre de una belleza incomparable pero despiadado que mató a muchos enemigos con gran facilidad y a los que humilló de múltiples maneras. A su vez violó sin escrúpulos a varias mujeres e incluso practicó la necrofilia con el cadáver de una jefa amazona.

Pese a todo, y ya casi al final encontró su corazoncito en Políxena, una de las hijas del rey de Troya Priamo y hermana de Hector y Paris, sus mayores enemigos y defensores de la ciudad. Pese a los inconvenientes de la situación, comenzó a negociar con Príamo su matrimonio con Políxena (lo que nos hace dudar de su lealtad hacia los griegos y en especial hacia Agamenón) a cambio de pasarse al otro bando y socorrer a los troyanos en la guerra, y aunque eventos posteriores lo hicieron imposible, permaneció enamorado de ella hasta después de muerto.

El hecho que marcó un punto de inflexión en los acontecimientos fue el conflicto que tuvo con el comandante de los griegos, el rey de Micenas Agamenón. Éste le había injuriado al quedarse con una esclava que correspondía a Aquiles. Naturalmente la respuesta no se hizo esperar pues Aquiles era un hombre valeroso pero muy apasionado y el ataque de ira que tuvo fue algo desproporcionado. De este modo se negó a volver a luchar por los griegos hasta que su honor hubiese sido redimido, lo que supuso que esto sufriesen una derrota tras otra a manos de los troyanos eficazmente liderados por el príncipe Hector.

Tras algunos meses los griegos estaban desesperados y Agamenón imploraba perdón, pero Aquiles era orgulloso y no fue hasta que vio caer a su amado Patroclo que se reconcilió con los griegos y decidió retornar a la batalla con una furia desconocida hasta entonces y que incluso haría temer a los mismo dioses.

Lo primero que hizo fue vengar a su amigo muerto y por el que lloró amargamente matando a su verdugo, Héctor. Después de darle muerte humilló su cadáver paseándolo por ahí en su carro y dejándolo a la intemperie para que perros y buitres se diesen un festín, lo que para un noble griego era un sacrilegio atroz. Para recuperar el cuerpo y darle el entierro apropiado, tuvo el rey Priamo que ir hasta su tienda y rogárselo efusivamente a la vez que le ofreció numerosos presentes, lo que Aquiles aceptó.

Fue el combate con Héctor lo que selló su destino, pues no solo le proporcionaría toda la gloria que se puede alcanzar en vida, sino que le trajo el respeto de sus amigos y el odio de sus enemigos, en especial de Paris, hermano del pobre Héctor y que estaba llenó de resentimiento hacia Aquiles.

Al poco tiempo tuvo su oportunidad de matarlo, pues el dios Apolo que también lo odiaba por haber saqueado su templo, le dió a Paris su propio arco y unas flechas que jamás fallaban y el destino hizo el resto. Las flechas de Paris fueron a dieron a Aquiles en el talón que lleva su nombre y que era el único punto en el que era vulnerable. Murió y fue incinerado y llorado. Su pérdida fue un revés tremendo para el ejército griego, que jamás hubiese podido tomar Troya sin la ayuda del adolescente hijo de Aquiles Neptólemo, que acudió a vengar a su difunto padre y que fue determinante para la victoria griega.

Pese a todo, y una vez saqueada la ciudad, el fantasma de Aquiles no estaba conforme y demandó que se sacrificara a la hermosa Políxena para que pudiera tenerla con él, por lo que la pobre chica fue quemada viva y Aquiles no volvió a aparecerse dejando a los griegos en paz y a su hijo heredero de gran renombre.

Cuenta la leyenda que en el más allá, Aquiles y Helena de Troya se casaron y aun viven juntos, siendo venerados por ser los más hermosos y los mejores de entre todos los seres que existen o existirán, como el ideal de la perfeccíon.

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26 de noviembre de 2013

Los diez mejores ejércitos de la historia

Vamos a clasificar a los mejores y más poderosos ejércitos de todos los tiempos. En primer lugar voy a hacer unas precisiones; los criterios de valoración que he utilizado son criterios objetivos, basados principalmente en la importancia de sus victorias, la tecnología, la capacidad de los mandos o la preparación y lealtad de las tropas y sobre todo en la impronta que dejaron a la posteridad, es decir cuanto y como cambiaron el mundo (por supuesto no hago referencia aquí a los grandes crímenes que cometieron siendo esta otra cuestión). Sin embargo, esto no quiere decir que la clasificación que voy a dar sea objetiva sino más bien todo lo contrario.

Esta es solo mi opinión, que naturalmente me parece muy bien fundamentada. A su vez debo decir, que en la siguiente lista he abarcado todos los periodos, desde la edad de los metales hasta la segunda guerra mundial, pero no he querido entrar a valorar los últimos 50 años, pues desde el comienzo de la era atómica resulta difícil encontrar oportunidades de analizar guerras simétricas que nos den datos sobre la operatividad real de las distintas fuerzas armadas. También me parece un poco pronto para analizar el verdadero papel del ejército estadounidense, pues aun no se puede calibrar la importancia histórica que tendrá para el futuro aunque su poder abrume en el presente.

Así pues vamos a comenzar de menor a mayor para hacerlo más interesante:

10 - El ejército imperial japones: Desde los tiempos de Japón feudal con los famosos samurais, los japoneses han sobresalido como grandes guerreros, los mejores dirían algunos, de un valor a toda prueba y por cuyo honor dan fácilmente la vida, sin embargo hasta finales del siglo XIX actuaban más como soldados individuales o pequeños vasallos militares que como cuerpos de ejército compactos que bajo una bandera se dedicaran a empresas estratégicas o a grandes conquistas en vez de a una endémica serie de guerras civiles. Pero como hemos dicho, esta situación cambió con las reformas del emperador Meiji y con la creación del Estado japones moderno, que en plena carrera colonial, entreno y modernizó sus topas a la manera prusiana y conservó en herencia toda la tradición militar de los antiguos samurais.


Inmediatamente después y en un plazo récord de 30 años desde su creación, el nuevo ejército nacional japones se lanzó a la conquista de toda Asia, derrotando primero a China, (anexionándose Corea y Taiwan) después a la Rúsia zarista en 1905, y dándose a conocer al mundo como gran potencia al arrebatar a Alemania multitud de islas del pacífico tras la primera guerra mundial. Era un ejército tremendo, formado por unos 3 millones de hombres de una lealtad fanática a su patria y a su emperador.

También poseía un armamento de última generación y la industria militar japonesa se contaba entre las mejores del mundo. Sin embargo como sucede siempre que una sociedad evoluciona materialmente demasiado deprisa, la mentalidad no lo hace al mismo ritmo, lo que a larga se puede hacer fatal. Por otro lado las tácticas que empleaban eran brutales y retrógadas más propias de la edad media que del siglo XX, que aun hoy han sembrado odio y rencor por todas partes. Además Japón carecía de recursos naturales suficientes para respaldar sus ambiciones bélicas por lo que pese a la calidad de su infantería no estuvieron a la altura del duelo que le lanzáron al mundo y terminaron sufriendo la devastación nuclear que puso punto y final a su efímero imperio en 1945.

9 - La Royal Navy: Inglaterra es un país de grandes marinos, y el éxito de que el Imperio Británico disfrutó durante se siglos, se debió casi enteramente al poder de su armada. Fue Enrique VIII quien comprendió que Inglaterra solo podía ser defendida por mar y el primer monarca que empleó la artillería naval a la vez que se embarcó en un grandioso programa de diseño y construcción de la que anhelaba fuese la armada más poderosa de Europa, título que por entonces ostentaba orgullosa España. Es precisamente la decadencia del imperio español la que dejó un vacío en los mares que ingleses y holandeses se apresuraron a llenar tras lo que del pirateo, los ingleses comenzaron a interesarse también por la exploración.

No pasó mucho tiempo hasta que se dieron cuenta de la gran oportunidad de construir un imperio mundial y para poder vivir de el. Así comenzaron a establecer puertos y colonias en todas partes de forma que sus barcos pudieron circunnavegar el globo casi sin inconvenientes. Todo esto por supuesto requería la presencia permanente de una escuadra inmensa, lo suficientemente grande como para estar en todas partes, desde Hong Kong hasta Portsmouth, y asegurar el buen desarrollo del comercio. Los marineros ingleses comenzaban su vida militar desde niños y ya en la adolescencia conocían los océanos como la palma de su mano.

Sus barcos eran los mejores y más rápidos, lo que se pudo comprobar de primera mano en la batalla de Trafalgar. Ninguna armada enemiga salió victoriosa durante 200 años y el nombre de almirantes como Nélson aseguraron al imperio británico la supremacía naval hasta después de la segunda guerra mundial. Fue este último conflicto armado el que pudo finalmente con Gran Bretaña, que para resistir frente a la Alemania nazi tuvo que entregar a los Estados Unidos gran parte de sus puertos estratégicos de ultramar como contraprestación por la ayuda recibida y un gigante fue sustituido por otro.

8 - El ejército de Quin: Quin shi Huang fue el primer emperador de China, y durante toda su vida, su mayor objetivo fue conquistarlo todo bajo el cielo, cosa que hizo, y si pudo conseguirlo no fue precisamente repartiendo amor y besos sino por que dispuso de una herramienta excepcional : su fabuloso ejército. Este estaba compuesto por un millón de soldados profesionales, perfectamente equipados con armaduras de acero de una calidad desconocida en occidente, y respaldados por divisiones de temibles arqueros y ballesteros que hacían de matar una ciencia precisa.


Con estas fuerzas en liza, pudo derrotar con facilidad a los otros 6 reinos que por entonces componían la China antigua y que han quedado inmortalizados en forma de estatuas de terracota como custodia eterna de su emperador. Si es cierta la leyenda y resulta que se pudo llevar con sigo su ejército a la otra vida, es probable que el otro mundo haya sido también conquistado...

7 - Los hoplitas espartanos: Decía Indro Montanelli que la ciudad de Esparta no tenía un ejército, lo era. Su fama es universalmente conocida por haber consagrado toda su existencia a las armas. Fue Licurgo el estadista que ocho siglos antes de Jesucristo introdujo en Esparta las leyes por las que se instituía la agogé y que obligaba a todo espartano a dedicar el resto de su vida a servir a la patria. Por ella, desde los 7 años ingresaban el el ejército y eran sometidos a un entrenamiento tal, que muchos militares actuales comparan con el que reciben los boinas verdes y otras fuerzas especiales modernas. Ello forjaba a los mejores soldados de Grecia y del mundo. Estaban equipados con el hoplos o escudo con el que formaban en falange como una linea impenetrable.

También portaban una larga lanza e iban recubiertos de una armadura pesada que los hacía casi invulnerables a las armas arrojadizas. sin embargo prácticamente no contaban con caballería. Eran soldados absolutamente entregados a su causa y para los que morir en combate era el mayor de los honores y cuyos reyes eran todos veteranos combatientes. Los espartanos tuvieron que probar su valor primero sometiendo Laconia, después casi todo el Peloponeso y más tarde haciendo frente a los persas en la guerras médicas. El mayor conflicto en el que tomaron parte y que los iba a catapultar a la hegemonía, fue la Guerra del Peloponeso que los enfrentó al imperio ateniense y de la cual salieron victoriosos. Pese a este fugaz momento de gloria, el ejército espartano sufrió un descenso importante de efectivos y en 374 a.C. solo quedaban unos pocos cientos incapaces de defender todo lo que habían logrado. Fueron derrotados por los tebanos de Epaminondas y ya no volvieron a levantarse siendo incorporados al imperio romano un siglo más tarde.

6 - Los tercios españoles: Tras casi 8 siglos de guerra con los musulmanes, los Reyes Católicos disponían de las mejores tropas de Europa, curtidas en la batalla y que además incorporaron con éxito las armas de fuego a su equipamiento medieval. Su nieto, el emperador Carlos V ya no solo pretendía combatir a los infieles, sino que construyó el primer imperio global de la historia y el mayor que se había conocido desde los tiempos de Roma. Para mantener su hegemonía y combatir a turcos, ingleses y franceses reclutó soldados de todos los territorios de su imperio, pero principalmente se apoyó en los castellanos con los que formó el núcleo duro de lo que se llamó tercios.

Eran estos divisiones militares de unos 3000-5000 hombres, que se consideraban herederos de las antiguas legiones romanas y pusieron fin a casi mil años de supremacía de la caballería en el campo de batalla. Iban armados con unas largas picas muy parecidas a las sarisas que utilizaron los macedonios de Alejandro Magno y como apoyo contaban con compañías enteras de arcabuces y cañones.


La sola presencia de estas unidades causaba pavor y mantenía en paz los territorios donde estaban estacionados. Fue la guerra de Flandes la que los hizo famosos, ya que durante 30 años no pararon de causar derrotas a holandeses y franceses. Sin embargo, España tenía serios problemas financieros y no podía mantener a unos ejércitos tan caros, que a menudo pasaban largos periodos sin cobrar o les faltaban suministros de toda clase. A finales del siglo XVII estaban exhaustos y faltos de hombres. España ya había dejado de ser una gran potencia, pero aun se hizo necesario la alianza de 4 potencias europeas para derrotarla y licenciar a estos formidables soldados.

5 - Los jinetes mongoles: Cuando uno mira un mapa y ve la extensión que tuvo el Imperio mongol, no puede dejar de impresionarse. Más de un tercio del planeta obedecía las órdenes del Gran Khan, y esta hazaña a diferencia de muchas otras, no se llevó a cabo con medios políticos o económicos, ni fue un proceso lento y gradual en el tiempo. Fue guerra y solo guerra lo que llevó a los mongoles a dominar el mundo. Para esta conquista ante todo disponían de un líder sin parangón; Temujin llamado también Gengis Khan y después a la que probablemente fue la mejor caballería del mundo. Los jinetes mongoles al igual que sus antepasados hunos, vivían de los caballos, es más los veneraban.

Eran un pueblo tribal, nómada y turbulento y jamás tuvo conciencia de formar una nación en medio de la estepa, hasta que Gengis Khan los unificó por la fuerza. Su estilo de lucha era simple, velocidad y ferocidad. Iban armados con arcos y espadas curvas con las que atacaban países a la velocidad del rayo. No dejaban tiempo a sus enemigos civilizados para reaccionar o defenderse pues antes de que se dieran cuenta ya tenían encima a una horda de varios cientos de miles de mongoles. Estos no conocían la piedad, y les entusiasmaba coleccionar calaveras humanas y amontonarlas sobre las ruinas de lo que antes fueron prosperas ciudades.


Primero invadieron China, cobrándose la vida de unos 30 millones de personas. Después pasaron a ocupar toda la estepa siberiana y los reinos centro asiáticos de origen turco como el imperio jorezmio y el reino uzbeco. Más allá asolaron Persia y incluso su vanguardia alcanzó Hungría, donde al fin se detuvieron. Solo conocieron la derrota cuando en tiempos de Kubilai Khan fracasaron en su intento de invadir Japón y aun así esto de debió sobre todo a una tormenta y pese a todo su imperio se mantuvo por siglos. Todavía hoy los mongoles conservan la leyenda de que el gran Khan volverá una vez más a guiarlos de nuevo hacía la gloria.

4 - La falange macedonia: Uno puede dar la vuelta al mundo y en cualquier lugar la gente conocerá el nombre de Alejandro Magno. Desde su muerte, todo general ha soñado en su corazón con repetir sus gestas. Pero como le dijo su amigo Clito, las victorias de Alejandro no las había conseguido el solo, sino que se debían a todos los hombres que le habían apoyado empezando por su padre Filipo. Fue él, el artífice de la unión de macedonia con Grecia, y quien le dio a su hijo la oportunidad de destruir el imperio persa. esta oportunidad radicaba en sus soldados, toscos pastores macedonios convertidos en espléndidos guerreros.

Estaban armados al modo hoplita, pero sin los grandes escudos, lo que los hacía una infantería mucho más móvil y eran portadores la largas lanzas de roble de unos 5 metros de largo llamadas sarisas con los que creaban una muralla impenetrable como si fuera un erizo. En las alas, contaban con grandes formaciones de caballería ligera y en vanguardia con unidades de peltastas y arqueros de corto alcance.

Estas tropas eran absolutamente leales a Alejandro, al principio al menos, y eran dirigidas por uno de los mejores generalatos de la historia de la humanidad. Hombres del fuste de Tolomeo, de Crátero,Pérdicas o Antigono, los luego llamados diadocos, eran generales profesionales y que siempre estaban en primera linea, compartiendo con sus hombres los horrores de la batalla. Eran hombres muy capaces que contribuyeron no poco a aplacar las ansias inconscientes de su rey. Primero derrotaton al rey persa Dario en la batalla de Issos, a lo que siguió la conquista de Fenicia y Egipto. Los macedonios eran a su vez expertos en la guerra de asedio e idearon todo tipo de máquinas diabólicas para asaltar ciudades (los romanos luego aprendieron mucho de ellos).

Tras la definitiva batalla de Gaugamenla, el imperio persa aqueménida cayó derrotado y así la gran aventura de Alejandro llegó hasta la India, donde se detuvo ante los motines que los soldados realizaban ansiosos por volver a su tierra. La muerte de Alejandro en 323a.C. llevó a la división de su imperio entre sus generales y el otrora glorioso ejército macedonio, pasó a luchar contra si mismo en una serie de guerras civiles que lo hicieron desaparecer por completo.

3 - La grande armée de Napoleón : Como estamos viendo, detrás de cada gran conquistador hay un gran ejército y al menos Napoleón tuvo el detalle de darle este título al suyo. Fue sin duda su genio militar y sus amplisimos conocimientos en armas y técnicas modernas, lo que convirtió al inexperto ejército de la recién creada república en una apisonadora capaz de dominar Europa.

En su momento de máximo esplendor, las fuerzas del emperador contaban a casi un millón de hombres entre sus filas, número desproporcionado para los estándares de la época. Los éxitos espectaculares que este ejército cosecho, se debieron en gran parte a la nueva plana de oficiales, que antes de la revolución solo podían ser de origen noble y que tras ella, (como el mismo Napoleón fue) quedaba abierta a los plebeyos, dando mayor importancia a los méritos y al talento que al nacimiento, algo que en el resto del continente no sucedió. Famosos son los nombres de los 26 mariscales de Napoleón que siempre bajo su mando contribuyeron no poco a sus victorias. Aunque el ejército imperial francés no incorporó ninguna nueva innovación tecnológica, estaba perfectamente equipado y tras unas serie de campañas en Italia y Austria gozaba de una gran experiencia y de una confianza ciega en su líder.


El punto débil de este engranaje casi perfecto, fue la carencia de una flota (destruida en Trafalgar) y pese a todo, permanecieron invictos en el campo de batalla. Fue la naturaleza la que quebrantó su buena suerte y sello su destino, haciendo cierta la máxima de que Rusia se traga a los hombres. En la derrota final de Waterloo, los hombres con que antaño contaba el ambicioso Napoleón estaban ya a dos metros bajo el suelo y sus reemplazos no eran ni de cerca de la misma calidad y preparación.

2 - La wehrmacht: Acercándonos al final, tenemos en segundo lugar al poderoso ejército del III Reich. No es casualidad que la Alemania nazi disfrutase de una superioridad militar tan abrumadora, pues por culpa del Tratado de Versalles, se prohibió a Alemania el contar con unas fuerzas armadas dignas de ese nombre. Por ello tras la llegada de los nazis al poder, la primera cosa que hicieron fue consagrarse en cuerpo y alma a la creación de un ejército de último modelo que incluyese todos los avances de la época, apostando fuertemente por los tanques, los submarinos y los aviones mientras los demás países se quedaban anticuados.

Durante la segunda guerra mundial más de diez millones de hombres asolaron a prácticamente toda la Europa continental  y el norte de África, gracias a la Blitskrieg o guerra relámpago. Esta consistía en envolver y destruir a los ejércitos enemigos en campaña antes que en centrarse en otros objetivos estratégicos como la toma de ciudades. Para lograr estas complicadas mani

obras se necesitaban grandes divisiones de carros de combate apoyados por contingentes de infantería mecanizada y un techo aéreo contundente, por no hablar de la tremenda capacidad que los generales tenían que realizar y puedo afirmar casi sin temor a equivocarme, que el generalato alemán de este momento fue el mejor de toda la historia. Hombres como Erwin Rommel, Von Manstein, Von Bock, o Heinz Guderian eran genios militares herederos de una larga tradición prusiana, admirados y temidos por sus enemigos y que fueron los cerebros detrás de todas las victorias.

El soldado alemán contaba a parte de con el fanatismo nazi, con el mejor equipamiento y una operatividad tremenda sobre cualquier terreno. Pero pese a sus muchas ventajas no era un ejército perfecto pues su logística estaba anticuada y todavía dependía esencialmente de los caballos para transportar materiales y cañones, lo que ralentizaba mucho el avance y una carencia de recursos naturales y de combustible que hacía peligrar toda su estructura. Fue sin embargo la mala cabeza de Hitler para los asuntos bélicos lo que empujó a la wehrmacht a estirarse más allá de sus fuerzas y a contender en una guerra que no se podía ganar, y pese a todo mantuvo el tipo y peleó hasta el final triplicando el número de bajas enemigas por cada una propia.

1 - El ejército alto imperial romano: Llegamos al final, al número 1, este es el mejor y más poderoso ejército de la historia, pero cuidado, el ejército romano es una institución tan larga como su historia y durante 1000 años sufrió muchos cambios, por lo que nos referimos al momento de mayor esplendor del Imperio Romano, el Alto imperio, época que abarca unos 200 años, desde Augusto a Marco Aurelio y que refleja la imagen de aquel soldado clásico que avanza en formación tortuga y porta un gran escudo rectangular. En este momento el ejército lo componen unos 500.000 hombres, desplegados a lo largo de 3 contienetes. Estos hombres eran todos voluntarios y profesionales, que tras un largo periodo de riguroso entrenamiento, contraían la obligación de servir durante 25 años.

Los romanos disponían de toda la tecnología de la antigüedad clásica, tanto por tierra como por mar y la emplearon para equipar a sus soldados con uniformes completos que incluían, una armadura pesada pero flexible, la lorica, la lanza romana o pilum, una espada corta llamada gladius, y a parte del casco, el escudo y las caligas o sandalias. El estado pagaba un salario regular de unos 200 euros a cada soldado y bastante más a los centuriones y tribunos de cada unidad. Fue la organización, la que proporcionó a los romanos sus mayores logros, pues su estructura en legiones, cohortes, manípulos y centurias les permitía una gran movilidad en el campo de batalla, por no hablar de su legendaria disciplina.

El soldado romano conocía perfectamente todos los toques de trompeta y señales visuales de ataque y retirada frente a los que reaccionaba al instante, siempre en formación cerrada, combatiendo con la máxima profesionalidad. También fueron maestros de la guerra de asedio, lo que se hace palpable tras la toma de todas las ciudades las ciudades del mundo, y fortalezas consideradas inexpugnables como la de Masada, que Vespasiano redujo a cenizas. Los generales romanos no eran profesionales, sino senadores o equites que ejercían el mando de una provincia o una legión durante un tiempo limitado, pues los emperadores temían que estos se alzasen e intentaran derrocarlos, lo que a larga supuso un perpetuo estado de guerra civil y llevó al imperio al colapso y al fin.


Pese a todo los romanos tampoco eran invencibles, pues el espacios cerrados eran vulnerables como sucedió en los bosques de Teutoburgo, donde treinta mil hombres perdieron la vida. Quizá dependían demasiado de batallas abiertas y enemigos organizados, pues frente a los guerrilleros germánicos o pictos se mostraron menos eficaces. Creo sinceramente que la mejor prueba de la calidad de este ejército es el simple hecho de que fueron capaces de mantener seguro y unido durante siglos al mayor imperio de todos los tiempos, una labor titanica.


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24 de noviembre de 2013

La primera guerra mundial

Para los curiosos, el estudio de la primera guerra mundial puede parecer como un tesoro escondido, cuando la descubres, te das cuenta de la cantidad de cosas increíbles que se pueden aprender y que sobre todo no debemos olvidar. En comparación con la segunda, esta primera gran guerra todavía estaba en pañales, la mayoría de técnicas y armamento eran aun decimonónicos, sin embargo, durante los cuatro años largos que duro la guerra, se produjo un cambio muy hondo en la gente y sobre todo en las ideas.


Es imposible poder comprender la historia del siglo XX sin empezar desde el principio, y este se escribió en las trincheras, de donde unos años después surgirían todos los líderes que después configurarían un nuevo mundo que nos han legado, y que nunca olvidaron las lecciones amargamente aprendidas entre fango y sangre. Por ello presento aquí un amplio reportaje sobre este trascendental y global conflicto armado que seguro no dejará a nadie indiferente. En total son 10 capítulos de una hora cada uno que nos relatan la guerra desde todos los frentes con sus motivaciones y consecuencias, siendo el último especialmente un emotivo epitafio para todas aquellas personas que dieron su vida por la grandeza de su nación.

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