9 de noviembre de 2013

La frontera romana, el limes, por Indro Montanelli

Indro Montanelli tenía un don, el de la palabra, sobre todo el de la palabra escrita. Nadie como él es capaz de transmitir los hechos y las ideas con tanta claridad y maestría. De su libro "Historia de la Edad Media" he extraído un fragmento sobre cómo se organizaban las fronteras del imperio romano. Aunque yo hubiese intentado hablar sobre lo mismo, me parece que no se puede hacer mejor, así que sencillamente lo reproduzco. Es muy revelador tanto lo que se nos cuenta, como los conceptos que si leemos con cuidado podemos ver entrelineas y quizá alguna reflexión apta para cualquier sociedad humana de cualquier época :

"Para dar una unidad defensiva a su imperio, Augusto fue a la búsqueda de las llamadas «fronteras naturales», y las encontró sobre todo en tres grandes ríos: el Eufrates, el Danubio y el Rin. No obstante, en los puntos en que hubo que atravesarlos para asegurar y defender alguna zona en la orilla opuesta, se había construido un limes, es decir, un confín fortificado. Basta considerar la extensión de aquel imperio euro-asiático-africano, para darse cuenta de que debía de tratarse de una obra gigantesca; y de hecho no la
decidió ni realizó un solo hombre, ni dos o tres, sino que fue el resultado del trabajo de muchas generaciones, y nunca fue llevada a cabo por completo debido a que de vez en cuando, por exigencias de las guerras o razones de seguridad, el limes tenía que trasladarse y había que comenzar todo de nuevo.

Debido que no había nacido de un «plan» del estado mayor, sino de las necesidades tácticas y estratégicas de las diversas guarniciones, no era igual en todas partes, pero seguía ciertos criterios fundamentales: ante todo, existían avanzadillas, provistas de fosos, de bastiones de tierra apelmazada, de empalizadas y de torrecillas de observación. Surgían después los campamentos, que ya no eran de tiendas, como cuando las legiones habían mantenido un estado de ofensiva, animadas de un espíritu de conquista, sino de piedra y de cal, es decir, iban transformándose lentamente en verdaderos poblados, aunque solo fueran militares. Mucho más lejos se alzaban los grandes acantonamientos donde vivaqueaba el grueso de los diversos ejércitos, dispuestos siempre a acudir a cualquier punto amenazado del limes.


En el momento en que Adriano perfeccionó este sistema con la famosa «valla» que debía proteger a la Inglaterra romanizada de las belicosas tribus escocesas, el limes aún estaba organizado más para la vigilancia que para la defensa. Había puestos de guardia y cavernas, pero no existían verdaderos fortines preparados para asedios prolongados. Todo estaba calculado para garantizar un cierto margen de seguridad a un ejército en descanso del que se suponía, sin embargo, que reanudaría en cualquier momento su avance. Y cuando se renunció definitivamente a este avance los fortines se transformaron poco a poco en ciudadelas y las ciudadelas en «burgos». Semejante transformación, lenta e interrumpida por momentáneas reanudaciones de programas ofensivos, pero continua, era el síntoma de la esclerosis de un Imperio cada vez más conservador y sedentario.

De hecho, el limes, al igual que su casi contemporánea Gran Muralla y todas las líneas Maginot de todos los tiempos, demostró de inmediato que no era adecuado para su objetivo. En la época de Cómodo, los pictos que descendieron de Escocia lo hicieron saltar en pedazos. Eran bárbaros a los que la civilización ni siquiera había rozado. Cazadores nómadas sin el menor rudimento de agricultura, aún comían carne cruda, tenían comunidad de mujeres y luchaban desnudos, o solo cubiertos con tatuajes monstruosos que reproducían bestias feroces. Se requirió la despiadada energía de Septimio Severo para castigarlos. Pero el valladar ya estaba en ruinas. Y apenas había empezado el siglo III.

Pocos años después eran los francos y los alemanes quienes abrían una brecha en el Rin y devastaban setenta ciudades de la Galia. Las hordas godas lo hundían en el Danubio. Pero es inútil tratar de seguir en orden cronológico las violaciones que se sucedían. Lo que importa es señalar las consecuencias que todo aquello comportó.

La «fortificación» es, antes que obra de ingeniería militar, un estado de ánimo que ni siquiera una situación probadamente inadecuada consigue destruir. Un pueblo que se ha hecho conservador del bienestar, y ciudadano y sedentario de la civilización, comienza a acariciar el sueño de la seguridad, y puesto que ya no puede fiarse en las propias virtudes castrenses, para realizarlo se confía a la técnica. Cuanto más frecuentes se hacían las incursiones de los bárbaros y más amplias las brechas en el limes, más se esforzaban los romanos por tapar los agujeros. Sin embargo, como ya estaba claro que ni siquiera el limes mejor fortificado era capaz de mantenerse en pie, al de la frontera comenzaron a sumarse los del interior, y cada ciudad se dispuso a construir el suyo para cuidar de sí misma.

Los arquitectos se convirtieron en los profesionales más buscados y los personajes más importantes de ese período. El emperador Galieno colmó de favores y de dinero a Cleodamo y Ateneo, a quienes había encargado los muros defensivos de las ciudades danubianas particularmente amenazadas. En los consejos municipales de los diversos centros urbanos, grandes y pequeños, el cargo de asesor de construcción era el más importante y ambicionado, entre otras razones porque era el que disponía de mayores fondos. Verona, puerta septentrional de la península, desarrolló precisamente entonces sus espléndidos bastiones. Y las murallas exteriores de Estrasburgo nacieron antes que la ciudad, que se desarrolló dentro de ellas como en una cuna, en una isla fortificada del río Ili. La misma Roma empezó a fortificarse, y fueron las corporaciones urbanas las que proporcionaron la mano de obra.

Esta clase de construcciones provocó un fenómeno nuevo: la autonomía de las diversas ciudades. En nombre de Roma y por su ley, cuando Roma era fuerte, es decir, hasta finales del siglo II d. C, los particularismos ciudadanos no habían surgido aún o habían sido debelados. El Imperio había impedido la formación de aquellas ciudades-estado, cerradas en sí mismas e incapaces de formar una nación, que habían supuesto la desgracia de Grecia. No había ciudadanos de Nápoles o de Florencia, de Marsella o de Maguncia, sino ciudadanos romanos, nada más. Y como no tenían murallas porque las legiones bastaban para garantizar a todos la seguridad y la defensa, carecían de autonomía política, administrativa y espiritual. En ellas se observaba la misma ley, se hablaba la misma lengua, se estaba orgulloso del mismo Estado. Las fortificaciones que empezaron a rodearlas por razones de autodefensa, fueron al mismo tiempo la prueba evidente de la ruptura de aquella unidad y una de las causas fundamentales que la determinaron. El limes empezaba a dividirse en límites, y dentro de estos se desarrollaban mundos cada vez más independientes entre sí."

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26 de octubre de 2013

La Segunda guerra mundial desde el espacio


El canal historia nunca para de darnos sorpresas bastante agradables, esta vez en la forma de un amplio documental sobre la segunda guerra mundial de una hora y media muy bien aprovechadas. Lo curioso del mismo es que lo hace desde una nueva perspectiva : el espacio. Cualquier fan de la historia se sentirá rapidamente atraido a verlo, pues no solo destaca su originalidad sino también lo mucho que se aprende. Desde que disponemos de tanta variedad de videos, el estudio de la historia se ha vuelto mucho más dinámico y abierto al público y por supuesto no importa cuanto sepa uno previamente pues siempre siempre se aprende algo nuevo y puedo garantizar que en este caso también. Por ello lo dejo aquí y os animo a disfrutar de la alta definición en que nos lo presentan:

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Ostfront : El frente oriental

El salvajismo y la crueldad fueron el rasgo característico de la guerra entre la Alemania nazi y la Unión Soviética. La consecuencia : más de 30 millones de muertos y un rastro de destrucción absoluto.
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19 de octubre de 2013

El fin de una era : La guerra del Peloponeso

Los antiguos griegos no tenían una única forma de comprender el mundo o de ver la vida, pero si hay algo que resulta común para cualquier ser humano es el deseo de poder.

Desde la época de las invasiones dorias, al inicio de la edad del hierro (alrededor del 1100 a.C.), en Grecia coexistían dos etnias diferentes; la de los aqueo-pelasgos por una lado, que eran los auténticos nativos y aquellos que Homero alabó en sus canciones y la de los dorios por el otro. Estos últimos eran un pueblo de origen indoeuropeo que llegó en oleadas a la Hélade y que se estableció en el Peloponeso tras arrasar la civilización micénica y reducir a la esclavitud a sus antiguos pobladores. Los aqueos por su parte se retiraron al Ática y de allí pasaron a las numerosas islas del Egeo para después saltar hacia Asia Menor, donde fundaron grandes colonias como Mileto, Éfeso o Halicarnaso.

Durante 500 años los intercambios comerciales y culturales fueron muy escasos (en parte debido a la geografía), pero mientras los aqueos y sus herederos, los atenienses se tornaron cada vez más en un pueblo abierto al mar y al comercio, los dorios, de los que provenían los espartanos se cerraron en si mismos y pusieron sus esperanzas en la agricultura y la autarquía económica.

De hecho de no haber sido por los persas, no sabemos cuanto más hubiese durado esa situación de aislamiento cultural y político en en que se encontraban las incipientes Ciudades-Estado griegas (o polis) que tenían unas respecto a las otras. Las guerras medicas significaron el nacimiento de una nueva era, donde los griegos ya eran plenamente conscientes del mundo que les rodeaba y del papel que iban a desempeñar en él, por ello tras la victoria, cada uno empezó a incrementar sus propias fuerzas y a tejer un complejo entramado de alianzas políticas y áreas de influencia. Lo que hicieron Atenas y Esparta fue algo muy parecido a lo que hicieron EEUU y la URSS después de la segunda guerra mundial. Cada una formó una alianza militar con otros estados más pequeños, que en realidad suponían un instrumento de control político. La de Atenas se llamó la Liga de Delos. Para gozar del privilegio de ser "admitido" dentro de la Liga y de poder gozar así de la protección naval y militar de la poderosa urbe frente a una hipotética amenaza exterior (principalmente los persas), los nuevos miembros debían pagar anualmente una fuerte suma de oro en concepto de cuotas, debían instaurar un sistema democrático o pseudo-democrático al estilo ateniense y por último, también se obligaban a formar parte de una especie de commonwealth ateniense donde se cedían a la metrópolis todos los beneficios comerciales y arancelarios más la carga de suministrar a Atenas de todos los víveres que pudiese necesitar. En resumen, se convertían en protectorados y cedían gran parte de soberanía y como se vio después, el yugo es algo que a los griegos no les sienta nada bien, pero mientras duró, Atenas disfrutó de una prosperidad sin límites y pudo extender su influencia y su poder hasta extremos insospechados ni por sus mismos creadores, aun a costa del recelo y la hostilidad creciente entre sus vecinos, convirtiendose en la potencia hegemónica del mediterraneo oriental.

Esto pudo ser así gracias a un líder excepcional, Temístocles, el gran héroe en la lucha contra los persas y un hombre de una ambición y una inteligencia a toda prueba. Su deseo era por una parte reconstruir la ciudad, que Jerjes había incendiado poco tiempo antes, y por otro garantizar su abastecimiento permanente y su seguridad militar. Ambas cosas pretendía lograrlas mediante la construcción y el mantenimiento de la mayor flota militar y comercial del mundo antiguo y la instauración de una supremacía naval que por un lado alejase definitivamente el fantasma de otra invasión procedente del este y por el otro les pudiese proveer de los alimentos necesarios ya que el ática prácticamente era un terreno desértico. También necesitaban un canal seguro para exportar productos manufacturados, de los que los atenienses se hicieron grandes maestros creando una industria artesanal enorme y que consecuentemente trajo el surgimiento de una burguesía urbana muy numerosa, en detrimento de los campesinos que se retiraron a vivir a la ciudad y se emplearon como mano de obra barata para las obras públicas y tareas de reconstrucción de la ciudad, que Temístocles estaba impulsando, como la ampliación del puerto del Pireo y la fortificación de todo el área circundante con unas largas murallas, que envolvían toda la ciudad hasta el puerto y que la convirtieron en inexpugnable desde tierra.

Esparta también había sido una grandes vencedoras. Los espartanos eran gente de ideas fijas por así decirlo. Ellos no incubaban grandes planes ni grandes ambiciones, y a lo que en ese momento aspiraban, era a seguir conservando su modo de vida oligárquico y esclavista manteniendo un statu quo político en Grecia, donde no hubiese una gran potencia que predominase sino varias que se contrarrestaran mutuamente (la misma estrategia de los británicos tras la guerra de sucesión en Europa en 1713).

Por ello cuando vieron lo que estaba sucediendo en Atenas, de la que recelaban aun considerándola una aliada, los líderes espartanos se asustaron y comenzaron a prepararse para lo peor, por lo que establecieron su propia alianza llamada la Liga del Peloponeso, llamada sí precisamente por que la conformaban casi íntegramente todas la polis al sur del itsmo de Corinto, salvo la buena Argos siempre neutral. Esta liga era un poco diferente de la ateniense por que a parte de ser menos imperialista y por ende menos agresiva, existía primordialmente como una contramedida de carácter defensivo frente a lo que era una rotura del equilibrio político por parte de Atenas y de su creciente dominio sobre las islas del Egeo y las colonias jónicas, y el riesgo que suponía para Esparta ser aislada política y económicamente.

La principal obligación y casi la única que tenían sus miembros, era la de dejar que Esparta fuese la comandante suprema de todas las fuerzas militares y de aportar contingentes suficientes en caso de un eventual conflicto así como sufragar su mantenimiento.

No es de extrañar pues que Esparta se vendiera así misma como paladín de la independencia y la libertad ( a pesar de tener sometidos a los mesenios y muchos otros pueblos nativos de Lacedemonia), frente a la codiciosa Atenas que cobraba tributos abusivos a sus aliados ofreciéndoles una protección que no necesitaban e interfiriendo en su política exterior y forma de gobierno.
También gozaba de la fama de la invencibilidad de sus soldados, sometidos al más duro entrenamiento militar desde la infancia y conocidos en el mundo entero por su destreza y por la devoción fanática hacia el deber a su patria. Todo ello hacía que los aliados de Esparta, se sintiesen mucho más cómodos y seguros que los de Atenas, entre los cuales crecía cada vez más y más un fuerte resentimiento por lo injusto de su situación.

Así estaban más o menos las cosas cuando Perícles llegó al poder. Éste, fue uno de los grandes estadistas de todos los tiempos, y fue él, el genio que hubo detrás de las maravillas y del esplendor que la Atenas clásica nos ha legado. Elegido autócrator durante 40 años seguidos, no solo culminó la obra que ya inició Temístocles sino que consolidó la supremacía ateniense en todos los ámbitos (especialmente en el militar) haciendo a su ciudad la capital de todas las artes y la filosofía y erigiendo la acrópolis como un símbolo permanente del triunfo y del poder de su gobierno. Sin embargo esta paz armada que había permitido a Grecia y especialmente a Atenas alcanzar la cúspide de su civilización y su cultura no estaba llamada a durar.

Hacia el 430 a.C. el largo gobierno de Pericles estaba en pleno declive. Por un lado él contaba ya más de 60 años y por el otro se había alcanzado un punto crítico con Esparta. Tucídides, que a parte de ser uno de los padres de la historia junto a Herodoto, fue un vivo espectador de los acontecimientos, nos cuenta como todo el mundo griego, desde Ródas a Tarento, se hallaba dividido entre dos bandos y solo era necesaria una excusa para provocar una gran guerra que ya se hacía esperar demasiado tiempo, lo que irritaba a los sectores más radicales de uno y otro bando. Era una situación similar a la vivida antes de la Primera Guerra Mundial.

Pese a todo tanto Atenas como Esparta se mostraban muy prudentes y extremadamente cautelosas respecto a sus relaciones, conscientes de que ninguna estaba segura de poder salir bien parada de un enfrentamiento, aunque jamás dispuestas a renunciar a sus pretensiones. Fueron los motivos económicos los que decantaron la balanza hacia la guerra. Una disputa política entre Atenas y la pequeña ciudad de Megara (aliada de Esparta y miembro de la Liga del Peloponeso) desembocó en una guerra comercial y en un embargo de productos atenienses destinados a dicha polis, lo que en la práctica era un táctica para matar por asfixia al rival ya que Atenas exportaba y controlaba casi la totalidad de las mercancías del momento y disponía de la única flota capaz de hacer cumplir el embargo, bloqueando los puertos y amenazando a cualquiera que se atreviese a violar su voluntad (exactamente como los americanos hicieron en Cuba... la historia esta llena de paralelismos como se puede ver). Los desesperados megarenses y otras ciudades amigas como Corinto, acudieron pues a Esparta en busca de protección, bajo amenaza de pasarse al enemigo y abandonar la Liga del Peloponeso si sus demandas no eran satisfechas.

Al rey de Esparta Arquidamo, que era un hombre considerado sabio y de mucha experiencia, la idea de entrar en guerra con Atenas no le gustó nada, pues conocía la fuerza del enemigo y al carecer Esparta de una flota, no juzgó hallarse en una buena situación, por lo que envió a sus embajadores y trató de resolver el asunto por vías diplomáticas. Pero pese a su buena disposición, los Atenienses, alentados por el propio Perícles, rechazaron las propuestas y juzgaron que era el momento, el todo o nada, y que si querían alzarse con la hegemonía en Grecia, la guerra era algo necesario para lo que nunca se encontrarían en una situación mejor; con una flota inigualable de 400 barcos, cientos de millones de dracmas de superhábit en el erario público y 50.000 hoplitas pesados de los mejor entre la infantería griega, sin contar con las tropas de todos sus aliados y la fortaleza de sus tremendas murallas.

                                

Por ello expulsaron a los embajadores y enviaron parte de su flota a hacerse con la isla de Corcira que en aquel momento asediaban los corintios, íntimos aliados de Esparta. Esto era la declaración de guerra, lo que nadie sospecho jamás al igual que en 1914, es que durarse tanto tiempo, pues 30 años, en términos griegos fue una generación.

En principio como hemos dicho las cosas pintaban mejor para Atenas, ya que Esparta carecía de una flota con la que disputarle el mar a sus rivales, algo absolutamente esencial cuando la mayor parte de los Estados enemigos se encontraban en islas. Sin embargo los Espartanos contaban con 2 factores que les conferían una posición más sólida: en primer lugar disponían de las mejores tropas de infantería del mundo. En segundo lugar casi todos los Estados de la Grecia continental se sumaron a la Liga del Peloponeso y doblaban en efectivos al ejército de la liga de Delos, lo que les permitió una total superioridad terrestre.
Por ello Perícles diseño una estrategia a medio plazo que consistía en retirar a toda la población del Ática (unas 500.000 personas) dentro de los muros de la ciudad y arrasar todas las granjas para no dejar nada al enemigo, y a su vez utilizar la flota para aislar toda la península del Peloponeso y rendirla por hambre y asfixia económica como ya hiciese anteriormente con Megara. Era una estrategia de desgaste muy bien planeada que podía dar sus frutos ya que mientras el enemigo se debilitaba intentando asediar las inexpugnables murallas, ellos tenían el aprovisionamiento asegurado por mar que sus aliados le estaban obligados a suministrar y podían tranquilamente hostigar al enemigo mediante acciones anfibias y sorpresivas rehuyendo siempre la batalla campal en la que sabían superiores la los espartanos.

Todo transcurrió dentro de lo previsto. En el año 429 a.C el rey Arquidamo invadió el Ática con un ejército enorme de unos 100.000 hombres. Al llegar el invierno y ver lo infructífero del ataque (al no presentar los atenienses batalla) se retiraron para la época de la siembra y así volvieron cada año una y otra vez presentándose a las puertas de Atenas aunque sin esperanzas de tomarla al asalto pues carecían de tecnología de asedio suficiente. Por ello este periodo se denomina la guerra Arquidámica.

La cosa parecía desarrollarse con normalidad, sin decantarse especialmente, hasta que sucedió una de las mayores catástrofes que asolarían nunca Europa y que mermarían las fuerza de Atenas hasta más allá de toda recuperación : la peste.

Todavía no se sabe muy bien de donde vino, Tucídides nos dice que de Asia. De hecho no se sabe si fue realmente una epidemia de peste bubónica, el tífus o algo aún más virulento, pero de lo que sí podemos estar seguros es de que azotó Atenas durante varios años, y de que tenía unos índices de mortalidad y una facilidad de transmisión altísimos. La ciudad estaba asediada y consecuentemente superpoblada por lo que el contagio fue masivo. Murió un 30% de la población, casi un cuarto del ejército y el propio Pericles junto a sus 2 hijos. Después de esto Atenas ya no era la misma. Ahora era una ciudad convaleciente, rodeada de enemigos y carente de liderazgo que pasó a la defensiva y ya no tuvo la fuerza y el poder de que gozase antaño.

Resulta curioso como la epidemia solo afectó a Atenas. Ninguna otra polis se vio infectada, lo que conmociono mucho a los atenienses que lo interpretaron como un castigo divino y naturalmente les debilitó moralmente. La consecuencia más grave a largo plazo fue la pérdida del liderazgo y la inteligencia de Pericles. Su muerte creo un vacío que ya no se llenó, y el gobierno paso a manos de hombres menores y demagogos que rápidamente abandonaron la estrategia de este y en busca de una victoria rápida que les permitiese conservar el poder, se enzarzaron en una serie de batallas campales con los espartanos por toda Grecia que no mejoraron en absoluto la posición ateniense. Los espartanos por su parte, jugaron bien sus cartas y dirigidos ahora por un hábil comandante llamado Lisandro, construyeron rápidamente una flota muy capaz, y se pusieron a disputar la anterior soberanía indiscutible que los atenienses habían tenido por mar. Esto sumado al hecho de que los aliados de Atenas estaban sometidos a unos tremendos tributos, lo que les hacía particularmente propensos a la rebelión, llevaron a los atenienses al borde de la desesperación.

Aun así tras casi 10 años de luchas ambos contendientes estaban exhaustos por lo que alcanzaron un acuerdo en año 421 a.C llamado la paz de Nicias, en honor al general ateniense que lo impulsó. Este acuerdo era un armisticio por el que ambas partes se comprometían a restablecer la situación existente antes de la guerra y a un intercambio de rehenes y algunas plazas fuertes. Por supuesto nadie esperaba que la guerra hubiese terminado y tras algunos años las hostilidades se reanudaron cuando Atenas trató de conquistar Sicilia (aliada de Esparta).

Esta tentativa ateniense fue promovida por el hombre del momento; Alcíbiades, sobrino de Pericles, joven y flamante general, que con sus poco más de 25 años ya se había hecho popularísimo entre las masas que lo adoraban tanto por su elocuencia (era discípulo de Sócrates) como por su belleza. Con razón podía la gente poner sus esperanzas en él, ya que como general era brillante y eso es una cualidad que en medio de una guerra puede catapultar a una nación a un futuro glorioso. Sin embargo y a diferencia de su tío, no era un patriota, no era un hombre con unos principios o ideas. Su objetivo no era Ganar la guerra por su polis, sino para obtener el poder político. Ambición era su rasgo más característico. Fue todo esto lo que le motivó para persuadir a los atenienses de abandonar el armisticio y atacar Siracusa.

Por desgracia para ellos no se permitió a Alcíbiades comandar en solitario la expedición ateniense y se le envió junto a otros 2 generales con los que habría de compartir el mando y con los que no se ponía nunca de acuerdo. Al poco tiempo sus rivales en Atenas consiguieron hacerlo procesar por unas acusaciones de impiedad, y el general más capaz de todos cuantos tenían fue retirado del campo de batalla dejando la situación en manos de los otros dos (siendo uno de ellos Nicias, que había sido el artífice del armisticio años antes y para el que su violación suponía un crimen).

El asedio de Siracusa no pudo ir peor, y a la ineptitud de los generales se sumó la ayuda espartana a los sitiados. El resultado fue la aniquilación completa del ejército ateniense. Perdieron unos 25000 hombres y más de 100 naves. Apenas hubo supervivientes. Era un golpe mortal. En una sola acción Atenas había perdido a casi toda su fuerza marítima y terrestre a lo que hubo que añadir que sus antiguos aliados, ya no sujetos por el temor a una reacción militar, comenzaron a sublevarse contra su cruel amo, y la ciudad ya privada de suministros no podía mantener a su población indefinidamente.

Pese a todas estas desavenencias Atenas hizo milagros y en un tiempo récord consiguió reponer gran parte de su flota y rehacer sus maltrechas filas, entrando en la última fase de la guerra de la guerra del Peloponeso que aun duraría unos 10 años : Las guerras de Decelia.

En este periodo se sucedieron varias batallas importantes por tierra y mar, donde Atenas dio lo mejor de si, y consiguió dar un vuelco a la dramática situación en la que se vio tras el asedio de Siracusa, en gran parte gracias a dos comandantes excepcionales que liderarían la urbe tras la guerra : Trasíbulo y Conón.

Sin embargo los espartanos recibieron algo de ayuda adicional de un atiguo enemigo; los persas. Estos estaban aterrados frente a la idea de ver de nuevo a una Atenas poderosa que ejercía de dueña del Egeo, por lo que pese a algunos titubeos financiaron decididamente al bando espartano e incluso aportaron barcos, hombres y material al esfuerzo bélico.
Por otro lado los espartanos tampoco estaban mal dirigidos, pues no solo contaban con el experimentado Lisandro, que se había mostrado muy hábil haciendo de almirante, sino con el también magnifico rey Agesilao II (hermano del fallecido Arquidamo) y que simplemente era un genio militar. También contaron adicionalmente durante un periodo de tiempo con el asesoramiento de Alcíbiades, que tras sus problemas con la justicia tras el incidente de Sicilia, decidió traicionar a sus paisanos y lleno de resentimiento y de ambiciones frustradas huyó a Esparta donde aconsejó maliciosamente que privasen a Atenas de las minas de plata de Decelia. Con ello se impedía a los atenienses obtener los metales preciosos que necesitaban para acuñar moneda y por ende para financiarse, lo que supuso un tercer golpe fatal para la causa ateniense, tras la peste y la catástrofe de Siracusa.

La suerte estaba ya echada, y pese a la victoria de la flota ateniense en la batalla de las Arginusas (en la que se dice que combatió el propio Platón) la derrota en Egospótamos fue la destrucción final de la marina de Atenas.

En aquel momento la ciudad era un cáos,empobrecida, llena de pesimismo y carente desde hacía mucho tiempo de gobernantes capaces, había demostrado que si bien la democracia tuvo sus ventajas, no pudo adaptarse a una situación de crisis y se reveló como un sistema ineficaz de decisión política que a la postre acabó en ruina.

En el año 404 a.C. las tropas espartanas sitiaron Atenas por tierra y mar. Sin posibilidad de salvación, los atenienses se rindieron incondicionalmente al empezar a morir de hambre. Entre las condiciones que los vencedores les impusieron estaban las de la demolición de sus murallas, el pago de una indemnización económica, y la sustitución del sistema democrático por otro oligárquico pro-espartano formando por 30 aristócratas, llamado el gobierno de los 30 tiranos (que fue posteriormente derrocado por Trasíbulo).

                                 

La edad de oro de Atenas había terminado y comenzaba un periodo de dominio espartano, aunque no duraría mucho. Como ya dije antes, a los griegos no les gustaban las potencias hegemónicas, y poco tiempo después los antiguos aliados de Esparta se unieron a los derrotados atenienses para acabar con la supremacía espartana, cosa que consiguieron de la mano del general tebano Epaminondas.

Sin embargo tras 30 años de guerra Grecia ya no fue la misma y si bien quedaban atrás las grandes obras y los inmensos teatros, política y militarmente jamás se recuperó, lo que sirvió de abono para que solo 50 años más tarde, el rey de un pequeño Estado llamado Macedonia, hiciese en un par de años, lo que los propios griegos no lograron jamás en toda su historia; la unificación de la hélade. Bienvenidos a la era de Filipo y Alejandro.

Para rematar, dejo 2 documentales increíbles sobre el tema; el primero es más corto y conciso, pues describe con mucha atención la batalla de Siracusa, y seguro que no deja a nadie insatisfecho:



Este otro es algo más largo pero más completo, y nos narra completamente la historia de Atenas, su ascenso y caída, que recomiendo ver para quienes quieran tener una visión más amplia del conflicto:

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1 de octubre de 2013

Ilustrando la guerra de Corea

Sin duda alguna, la guerra de Corea es la más brutal librada después de la Segunda Guerra Mundial. Es éste un conflicto poco estudiado en Europa y que aunque nos resulta bastante lejano, goza de una gigantesca importancia en la historia moderna y en especial continua como una herida abierta que aun sangra en Asia oriental y que resulta muy conveniente conocer con cierta profundidad para entender la actualidad internacional y saber interpretarla correctamente.

"Corea, la guerra inacabada" es un documental canadiense que, aunque ya tiene algunos años, es uno de los más completos (por no decir que el más) que se pueden encontrar en español sobre la guerra de Corea.

Me parece que este documental, en 3 episodios, aporta una amplia visión general de los tres años de conflicto y es moderadamente objetivo a la vez que riguroso en algunos puntos. Quien nada sepa empezará a aprender y para quien ya posea información sin duda verá esta ampliada.




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6 de junio de 2013

Pierre Grimal nos explica como eran los triunfos en Roma

Creo que todavía no has tenido la ocasión de asistir a un triunfo. Como sabes, desde que Roma vive bajo la guía de un príncipe, sólo éste tiene derecho a triunfar. Sin embargo, nuestros príncipes raramente hacen uso de este derecho. Quisiera, no obstante, que te hicieras una idea del extraordinario espectáculo que puede ser un triunfo celebrado según los ritos:

En primer lugar hay un desfile interminable, que sube desde el Foro hasta el Capitolio, para dar las gracias al dios en su templo. A la cabeza van los senadores y los magistrados, es decir, el conjunto de los hombres que han ejercido el poder en la ciudad o todavía lo ejercen. Les siguen unos músicos tocando las trompas; ¿puede concebirse una ciudad en fiesta donde todo esté en silencio? Detrás de ellos viene la fila de los portadores, encargados de presentar al dios el botín más precioso conquistado al enemigo. El oro y la plata serán consagrados a las divinidades y conservados con los tesoros de los templos. Están también, por supuesto, las estatuas que representan a las divinidades de los pueblos vencidos. Sometidas ellas también por los dioses de Roma, acuden solemnemente a rendirles homenaje.“Pero no están realmente cautivas, una divinidad nunca podría estarlo, sino que simplemente han sido «obtenidas» por los romanos, de quienes recibirán un culto parecido al que recibían en su patria. Esta fue la promesa que les hicieron en su momento con el fin de ponerlas de su parte y así consolidar la paz.”

"A continuación, vienen los principales jefes del enemigo, aquellos que no han perecido en combate. ¡Qué triste desfile el de esos hombres antaño poderosos y cubiertos de honores, ahora convertidos en esclavos!, Caminan delante de su vencedor, el imperator romano, subido en un carro y vestido como el mismo Júpiter, tal y como se le ve en el templo, con una túnica blanca bordada en oro, una toga púrpura, también bordada, y unos zapatos dorados. En la cabeza lleva una corona de laurel. Dicen que el laurel es una de las plantas preferidas de Júpiter y que, por este motivo, nunca es alcanzada por el rayo. Un triunfador no puede dejar de temer que su gloria irrite peligrosamente al dios, cuya imagen usurpa durante algunas horas. ¡La corona de laurel le pone a cubierto de su cólera! El triunfador sostiene en la mano un cetro de marfil coronado por un águila, que, como todo el mundo sabe, es la mensajera habitual del dios. Además, para mostrar claramente que ese día el triunfador es equiparado a un dios, lleva el rostro teñido de rojo, como lo llevan las divinidades en las pinturas que has visto en la región de los etruscos.

"El que un hombre, aunque sea el más glorioso de los vencedores, acumule tantos honores en su persona, sobrepasa la condición humana y puede atraer la desgracia sobre su cabeza. Por lo tanto, la tradición establece que se tomen precauciones para proteger al triunfador contra los celos de los dioses, y, como la corona de laurel podría no ser suficiente, los soldados que han servido bajo sus órdenes se sitúan a ambos lados del cortejo y fingen burlarse de él dirigiéndole chanzas parecidas a las que, en todos los ejércitos del mundo, los soldados se complacen en imaginar con respecto a sus jefes. Para más precaución, en el carro en el que es conducido el imperator va uno de sus esclavos, que de vez en cuando le repite: «¡Recuerda que eres un hombre!».”

El triunfo no se limitaba a una procesión que conducía al imperator victorioso hasta el Capitolio. Los prisioneros que habían formado parte del cortejo eran ejecutados al finalizar la ceremonia. Esto era todavía costumbre en la época de Cicerón, que escribe: «Cuando el triunfador comienza a dirigir su carro hacia la cuesta de la colina, los prisioneros son conducidos a la prisión (ya sabes, el abominable calabozo cavado en la roca de la colina), donde acaban sus días en el mismo momento en que el vencedor llega al término de su mandato».”

Pasaje de: Grimal, Pierre. “El alma romana.”
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25 de mayo de 2013

La importancia de la tecnología en la guerra

La guerra no es una ciencia, es un arte. Esto es así por que en la guerra no hay una serie de elementos o reglas que al cumplirlos puedan garantizar un resultado específico, más bien depende en gran medida del genio y el espíritu humano, la improvisación y la fortuna, todas ellas cosas fuera del alcance de cualquier disciplina. Sin embargo, si es cierto que las probabilidades de alcanzar la victoria, se verán dramáticamente aumentadas si cualquier líder, nación o estado mayor, siguen una serie de conductas, que también un poco por sentido común, son tendentes a perfeccionar a sus propias fuerzas y a protegerlas frente a posibles amenazas. Es aquí donde el papel de la tecnología se revela esencial, y un breve repaso a  través de los siglos, aunque muy fugaz, nos puede convencer de ello y quizá también servirnos de inspiración o de fuente de creatividad.

Si nos remontamos ya incluso al neolítico, vemos a los seres humanos competir y luchar por lo de siempre: recursos, territorios y poder. Normalmente vence quien ha aprendido a combatir mejor, ora sea con unos mazos de madera más grandes, o desarrollando el uso de utensilios algo más complejos como rudimentarios arcos y flechas con punta de piedra.

Pese a todo, nunca debemos perder de vista que siempre, y digo siempre, cada vez que se crean medidas se desarrollan contra medidas. Esto significa que si alguien nos ataca con un arma nueva, enseguida vamos a aprender a defendernos de ella. Es así como nacieron las primeras ciudades amuralladas. Una de las más antiguas de que se tiene constancia es de la ciudad de Jericó, en el actual Isrrael, que ya estaba cercada por unas relativamente altos muros de adobe unos 5000 años antes de Jesucristo.

Poco después aparece la metalurgia y revoluciona la industria militar. Ahora los guerreros llevan armas mucho más peligrosas y capaces de generar unas tasas de mortandad enormes. Empieza aquí la primera carrera armamentística de la historia, puesto que la ventaja la van a tener, aquellos que consigan poseer armas de un metal mejor y más sofisticado. Un buen ejemplo de ello son las invasiones de los Dorios sobre la antigua Grecia : Cuando los griegos de Agamenón, Aquiles y Ulises se fueron a conquistar Troya y a recuperar a la hermosa Helena, todos ellos iban pertrechados con armas y armaduras de bronce (de ahí lo de edad del bronce), que era el mejor metal de que en ese momento y en ese lugar, podían disponer y que al parecer no les debió de dar malos resultados, por que Troya acabó muy mal. Sin embargo al volver a casa después de muchas aventuras, se encontraron con que les estaban invadiendo un puñado de arapientos salvajes, que aunque feos y barbudos, provenían del norte de Europa, donde ya se había popularizado el uso del hierro, mucho más abundante y resistente que el bronce y con el cual forjaban terribles espadas y hachas, frente a las que los pobres griegos homéricos (los famosos aqueos melenudos) nada pudieron hacer salvo encerrarse en el Ática y observar como sucumbía la civilización micénica.


Más o menos, por la misma época, cualquier ejército que aspirase a triunfar necesitaba del uso o la creación de algún arma o tecnología singular que les brindase la victoria. Vemos a la tribu de los hicsos invadir Egipto hacia el 1600 a.C. y vencer sin ningún problema a los faraones, gracias a la invención de la rueda y su aplicación a los carros de guerra que permitían a los hombres subidos a ellos lanzar piedras y flechas a sus enemigos y aterrorizarlos con veloces movimientos.

Si ahora avanzamos unos mil años, nos encontraremos con que los griegos clásicos, los de Atenas y Esparta, se han convertido en los mejores soldados del mundo, no solo por su disciplina y su fiereza, sino por el auge de la tecnología. En Atenas, la fabricación de barcos era toda un ciencia y crearon auténticas fortalezas flotantes con las que tuvieron primero al Egeo y luego a todo el mediterraneo oriental en un puño. Los espartanos por su parte perfeccionaron la defensa recubriendo al soldado con una armadura pesada que dejaba muy pocos resquicios y haciendole portador de un escudo enorme, de un metro de diámetro llamado "hoplos" (de ahí hoplita). Naturalmente con esas moles en campo abierto, un ataque frontal resultaba nefasto, y por eso vemos a los persas ser masacrados en las Termópilas, pues a parte del valor y la virtud espartana, también tuvo mucho que ver el que los persas iban armados con pequeños escudos de mimbre y a menudo, sin ningún tipo de coraza o con poco más que un taparrabos.

Con estas tropas y naves, tan magníficamente equipadas, es normal que Filipo y su hijo Alejandro, soñaran un día con conquistar el mundo entero. Por ello, el absolutamente genial Filipo, Rey de macedonia, se procuró de poseer algo que todavía le faltaba; máquinas de asedio, por lo que abrió una especie de taller, repleto de ingenieros y los puso a fabricar mortíferos inventos como la catapulta de torsión o un sin fin de balistas y arietes capaces de tomar en poco tiempo cualquier ciudad, por muy bien defendida que estuviese.
Ni que decir tiene que imperio persa se deshizo como la mantequilla ante la embestida de Alejandro, que solamente tuvo que hacer uso del ejército que su padre le había dejado para alcanzar un gloria inmortal.

Tanto romanos como cartagineses, siguieron los progresos de los griegos y de Filipo con vivo interés, y una vez bien copiado y aprendido, comenzaron a matarse entre ellos en las guerras púnicas. No resulta difícil deducir, que a la victoria romana contribuyó poderosamente el hecho de que estos, aun sin experiencia y tradición naval, equiparon a sus trirremes con una especie de ganchos con lo que hundieron muchos buques enemigos. Aníbal por su parte no se quedó corto e invento la "guerra bacteriológica"; ordenó a sus hombres que capturaran a todas las arañas, escorpiones y serpientes más venenosas, los metió en tinajas y se los lanzaba a los navíos romanos en alta mar... debió de ser algo muy desagradable para sus tripulantes sin duda.

Sin embargo roma prevaleció, y durante siglos y siglos fue la luz que alumbro al mundo. La tecnología armamentística alcanzo ya su cumbre, pues las legiones de Roma lo tenían todo a su alcance; una armadura muy compleja y flexible, la lorica segmentata, espadas de toda clase, y unas armas de asedio que habría hecho rabiar a los griegos de arquímides. Julio César llegó vio y venció a los galos, gracias no solo a su inigualable pericia como general, sino también gracias a la superioridad militar de sus tropas. Según nos relata Amiano Marcelino, al emperador Valentinano de encantaba pasar sus ratos libre diseñando nuevas armas de todo tipo, y a los muros de piedra calcárea romana no hubo quien los expugnara durante 400 años.

A los chinos tampoco les fue mal ya que lo han inventado casi todo, el papel, la pólvora, algunos dicen también que la rueda. El emperador Huangdi tuvo al mejor ejército del mundo unos 200 años antes de Cristo. En Asia la fabricación de espadas y la investigación del metal no tuvo límites. Los japoneses empezaron a templar el acero con carbono y a forjar Katanas, y la mayoría de esos conocimientos llegaron posteriormente a Europa a través de la ruta de la seda.

Ya de vuelta en Europa vemos que no en vano se dice que la Edad Media supuso un retroceso de 1000 años, puesto que toda la ciencia de la antigüedad clásica se perdió y no es hasta el siglo XIII donde con la introducción de la pólvora, se vuelve a revolucionar la industria bélica y donde podemos ver hasta a Leonardo Da Vinci fabricando armas. Constantinopla lo supo muy bien, cuando se encontró frente a sus murallas a la artillería turca que puso punto y final a su milenario imperio.

De hecho por una vez en la historia, los españoles tomamos la iniciativa, y los Reyes Católicos, tras aprender del ejemplo turco, inmediatamente modernizaron sus tropas e invirtieron en la compra y fabricación de todo tipo de pistolas, arcabuces y mosquetes, que acompañados de unos pocos caballos y de acero toledano, lo convirtieron en el mejor ejército de Europa, tras lo cual, tomaron Granada y marcharon hacia América construyendo el imperio donde nunca se pondría el sol, el primer imperio que sería realmente global.

Lo triste es que los ingleses y franceses no se iban a quedar quietos por mucho tiempo. Al seboso e inteligente Enrique VIII, se le ocurrió la idea de meter cañones en sus buques, algo que hasta entonces no se había hecho nunca y funcionó. En poco más de 100 años, la royal navy, ya había dejado de lado la piratería para convertirse en una superpotencia naval hasta el siglo XX. Por su parte los franceses aprovecharon bien las enseñanzas de Vauban (célebre ingeniero y arquitecto de Luis XIV), y sembraron su territorio de una serie de fortalezas que disuadieron a cualquiera de querer enemistarse con el rey francés.

A su vez Napoleón supuso la culminación del correcto empleo la tecnología al servicio de la guerra. Antes de emprender ninguna campaña, como buen artillero que era, procuraba que sus fuerzas contaran con lo mejor y lo último de armas y equipamiento, y si precisamente fue derrotado, fue también en parte por el hecho de que no contó con ninguna innovación que le diese la primicia y que le hubiese permitido retomar la iniciativa. Es importante resaltar que este hecho sí fue percibido por los Prusianos, en particular por el mariscal Von Moltke, un auténtico genio. Gracias a él se pudo llevar a cabo la unificación alemana, con la que humilló a austriacos y franceses, importando una nueva arma recientemente surgida en Estado Unidos : la ametralladora.

A partir de aquí entramos en una nueva era. Es la era de la ciencia y del progreso, de la industria. Ahora las guerras se van a cobrar tributos de millones y millones de vidas. Antes las guerras se libraban entre dos ejércitos en tal o cual llanura y el vencedor se apropiaba de los territorios del enemigo por derecho de conquista. Ahora la guerra se libra por tierra mar y aire y los objetivos militares son las ciudades. Las fábricas valen mucho más que los soldados y el poder destructivo de las nuevas armas es inimaginable.


Comienza a lo largo del siglo XX una feroz carrera armamentística y científica como nunca se ha visto, que culminará en la II guerra mundial y que perdura a través de la guerra fría y hasta la actualidad.

En la primera guerra mundial vemos por primera vez submarinos, tanques y aviones de combate, pero comparado con lo que veríamos 20 años después, la guerra estaba aun en pañales.

Los rusos sufrieron una derrota estrepitante a pesar de haber movilizado a 14 millones de hombres. 14 millones claro sin armas, sin alimento y sin logística. Los ingleses brillantemente desarrollaron unos primitivos tanques que eran poco más que una metralleta rodeada por 4 placas de acero y con dos ruedas, y aunque no entendieron bien el significado de lo que habían hecho, los alemanes observaron en silencio. Los aviones, que más bien era biplanos, se dedicaban puramente a labores de reconocimiento y algunas veces tiraban ladrillos a las trincheras enemigas o se enzarzaban en combates aéreos entre ellos con ametralladoras ligeras. Desde luego si Alemania perdió la guerra, fue por falta de recursos, no de tecnología. Carente de materias primas para su industria pesada, no pudo continuar luchando y se rindió en 1918 tras grandes éxitos y también fracasos.

Curiosamente es este hecho gracias al cual va a poder disfrutar de la gloria y la victoria que alcanzo después.Una de las condiciones del Tratado de Versalles, fue el casi completo desarme la antaño orgullosa Prusia. Cuando los nazis llegaron al poder, una de las primeras cosas que hicieron fue rearmar completamente al país, y tuvieron que hacerlo desde el principio, pues con las restricciones de Versalles, Alemania carecía de ejército. Pese a todas las cosas terribles de los nazis, ellos siempre fueron grandes mecenas científicos. En la década de los 30, casi cualquiera que tuviera un buen proyecto o una buena idea, podía encontrar dinero para financiarse, lo malo es que luego los nazis se apropiaban de las patentes y las destinaban a usos nada pacíficos. Por esta época llegaron a vivir en el III Reich, más de la mitad de los premios nóbeles mundiales, y solo tenemos que ver el caso de Wernher Von Braun (padre de los cohetes espaciales), para darnos cuenta de lo adelantados que estaban.

Pero fue gracias a un hombre, Heinz Guderian, que nacieron las fuerzas blindadas alemanas o divisiones Panzer y se creó el concepto de Blitskrieg o guerra relámpago. Guderian, militar de alto rango, tomo los arcaicos diseños ingleses y los perfeccionó. Equipó a las máquinas con cañones ligeros y con un motor potente y cadenas para que pudieran desenvolverse en cualquier terreno con rapidez. También teorizó con éxito sobre su uso. Las formaciones blindadas tenían por objetivo rodear al enemigo en grandes bolsas y destruirlo desde todos los flancos, aprovechándose de la velocidad de las unidades mecanizadas que a su vez cortaban cualquier vía de retirada o de ayuda. Con este poder a su servicio y complementado con una nueva era de aviones, los bombarderos en picado o Stukas, el rearmado ejército alemán formado ahora por 9 millones de hombres, ya estaba listo para someter a Europa, cosa que logró en apenas 3 años.

Como dijo un antiguo profesor mio de historia: "mientras los ingleses y franceses todavía estaban anclados en conceptos y armamentos de la primera guerra mundial, el ejército alemán estaba reluciente".

En oriente Japón hizo lo propio y totalmente industrializado tras un milagro económico que les llevó 50 años(la era del emperador Meiji), sometió a chinos y coreanos bajo un yugo implacable y desarrolló un plan llamado Plan Tanaka, por el que se proponían conquistar el mundo entero en 3 fases; primero china, luego toda Asia, y después el resto, especialmente EE.UU.

Pese a todos los inmensisimos avances científicos, el eje perdió, y perdió básicamente por que por un lado los ingleses desarrollaron el caza Spitfire que derrotó a la Luftwaffe, por otro los rusos emplearon masivamente el mejor carro de comabate de toda la segunda guerra mundial y probablemente de toda la historia; el T-34, que con un blindaje inclinado de un gran grosor y un cañón de casi 80mm pudo hacer frente a los nazis por tierra y llegar hasta Berlín. Por último, asistimos al nacimiento de una nueva gran potencia; Los Estados Unidos, que con la bomba atómica en su haber, y siendo ahora los dueños de las nuevas grandes mentes, diseño el mayor y más preparado ejército nunca visto, capaz de vencer a japoneses y alemanes, y que respaldados por su enorme economía e industria sin parangón, fueron capaces de superponerse en la guerra fría a los rusos, y conservar la innovación y la iniciativa que como hemos visto son las que en verdad pueden dar la victoria.

Quien sabe lo que ocurrirá en un futuro, pero lo que es seguro, es que el teatro de operaciones se va a trasladar al espacio, donde los recursos pueden ser al igual que las oportunidades: ilimitadas.
Por ello, si la humanidad sigue viviendo con sus absurdas divisiones tribales y empeñada en progresar innecesariamente a costa de otras personas, serán aquellos pioneros en la ingeniería aeroespacial y en la física, los que van a poder erigirse como los señores del manaña.

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23 de mayo de 2013

¿Por qué cayó el Imperio Romano?

Adrian Goldsworty, actualmente uno de los mejores y más prestigiosos historiadores de la antigüedad clásica, dijo hace poco en una entrevista, que el tema de la caída de Roma, será un tema siempre de moda, fascinante y perpetuamente discutido.

Ciertamente muy pocos son conscientes de la magnitud, la gloria y el poder que tuvo el Imperio Romano. En los 10.000 años de historia humana desde el neolítico, jamás se ha visto tal potencia ni ha disfrutado el mundo de tanta estabilidad. Es precisamente por ello, por lo que resulta tan atractivo saber que pudo ser lo que acabó con el coloso. Recuerdo una cita de Indro Montanelli que decía: "todo sistema político, lleva ya desde su nacimiento los gérmenes de su destrucción". Sinceramente creo que esto es una verdad absoluta.

Desde los tiempos de Roma, todo Imperio con vocación de universalidad ha evocado su sello característico, siendo un modelo de inspiración perpetuo para cualquier nación que ambiciona convertirse en una superpotencia, pues  no olvidemos que el Imperio Romano ha sido el único que culminó con éxito la integración humana bajo un solo ente político y cultural: 3 continentes, cientos de pueblos, lenguas y culturas conviviendo durante siglos bajo las águilas de los césares, sin odios o guerras ¿donde y cuando se ha visto algo así?.

Normalmente los imperios nacen con el fin de que una minoría (la metrópolis) explote a una mayoría y de este modo puedan enriquecerse a su costa, bien abriendo nuevos mercados o bien exterminando o esclavizando a los indígenas y monopolizando sus recursos, es decir crean un imperio para vivir de él. Roma lo hizo así al principio, hasta que el hado del que nos habla Virgilio, la convirtió en algo mucho mayor de lo que nunca hubiera siquiera imaginado y se dió por misión la de gobernar y hacer prosperar un mundo unido y en paz. Lo vió y lo consiguió. Cuando en el año 213 d.c. el emperador Caracalla otorgó la ciudadanía romana a todos los habitantes libres del imperio, de inmediato el 90% de la gente adoptó un nombre romano desde Britania hasta Siria. Particularmente curioso resulta el caso de la provincias del norte de África donde en honor a Escipión el africano, todos sus habitantes pasaron a formar parte de la gens (familia) Cornellia.

Aunque todo no era perfecto, el estudioso de la historia, debe ser admirador antes que crítico, pues tenemos que entender cómo era el mundo antes de los tiempos de Roma y como lo fue después. Pese al brutal esclavismo y los muchos aspectos crueles o desagradables que eran comunes en la época, la gente podía viajar por doquier con seguridad, por caminos magníficos y bien cuidados, las ciudades carecían de murallas y el nivel de comercio era tan floreciente que no se volvió a igualar hasta la década de 1870 en plena revolución industrial. Alguien podría preguntarse como sabemos estas cosas... pues bien, un grupo de arqueólogos realizó una serie de mediciones en los polos no hace mucho. Por lo visto el nivel de plomo y otros metales en el hielo dan fe de la inmensa capacidad de producción de los siglos I-III d.c.

Entonces si las cosas iban tan bien, con un imperio en paz, sembrado de grandes ciudades y bien guardado por el mejor ejército visto nunca, ¿que fue lo que salió mal? ¿por qué solo 400 años después de la muerte de Augusto su gran obra se vino abajo hecha pedazos? ¿por qué Roma no pudo durar para siempre o al menos mucho más tiempo?... todas estas cuestiones son un tema de discursión feroz entre historiadores de todas la épocas y cada cual de da una u otra razón diferente según su propio análisis y los datos y fuentes disponibles.

No pretendo aquí hacer un resumen de todas las teorías (lo cual sería publicar una monografía), sino explicar desde mi punto de vista las causas más importantes que llevaron al Imperio al desastre, de forma muy resumida.

En primer lugar, tradicionalmente, oiréis muchas frases del tipo "el imperio romano cayó por su propio peso", y hasta cierto punto así es, pero cuidado, no se debe tratar de simplificar algo que no es simple, ni dar respuestas sencillas a preguntas complejas. También se suele decir que las razones de la caída de Roma fueron: razones económicas, desastres militares, los bárbaros, los hunos de Atila, el cristianismo..., pero todo ello son cosas relativamente secundarias.

La gran causa de la caída del imperio romano fue la crisis del sistema político y la guerra civil . Expliquemoslo; como sabemos, de monarquía, Roma paso a ser república y después Imperio, ahora bien ¿como se puede gobernar eficientemente un territorio tan basto con los medios de hace 2000 años?, pues dificilmente. Octavio Augusto instauró un sistema conocido como el principado, que era en esencia una dictadura militar pero no absoluta. El príncipe o emperador tenía poderes en teoría casi absolutos, pero en la práctica los emperadores gobernaban con moderación junto al senado, dividiendose el gobierno de las provincias y legislando en común.

El sistema funcionaba bien, mientras hubo buenos emperadores, conscientes de la importancia de su deber y herederos del rígido concepto de la virtud romana. El más célebre será siempre Marco Aurelio, hombre de bien, que tuvo que hacer frente a terribles dificultades. Sin embargo los problemas comenzaron a su muerte; su hijo Cómodo fue un déspota y como tal murió bajo el puñal poniendo fin a una dinastía centenaria. Se cometieron excesos, hubo guerra, matanzas y lucha por el poder, y durante 70 años! se produjo una situación de desgobierno, guerra civil y caos, un periodo llamado de anarquía militar. Para hacernos una idea   entre el año 235 y el 285 hubo unos 20 emperadores "oficiales" y más o menos el mismo número de usurpadores, de los cuales solamente uno murió de muerte natural. Cada uno gobernaba más o menos unos 2 o 3 años antes de morir asesinado o depuesto por otro usurpador.

Para tratar de explicarlo mejor imaginemonos que en aquella época cualquier capitán ambicioso al mando de un puñado de soldados se proclamaba emperador en tal o cual provincia y casi siempre moría asesinado por sus propios hombres cuando no se les pagaba bien. Por poner un ejemplo del día a día: Maximino, general de las topas del Rin, hace matar al emperador Alejandro Severo y se proclama a sí mismo Augusto, seguido de lo cual, el Senado en Roma proclama a su vez emperador a Gordiano, gobernador de África, el cual muere en batalla contra Maximino, pero al mismo tiempo en otras 2 provincias se revelan otros dos generales que marchan juntos contra el y lo derrotan solamente para pelearse entre sí inmediatamente después, lo cual aprovecha el nieto de Gordiano, para matarlos a ambos y coronarse emperador, pero no es mucho tiempo por que sus hombres lo matan en Persia, por obra de una conspiración de sus altos oficiales que a su vez.... ¿lo comprendeis ahora?, este periodo de la historia de Roma es puramente regicidio y guerra, el mayor desorden político imaginable, y el Imperio no estaba hecho para funcionar así.

El ejército dejo de vigilar las fronteras para centrarse en luchar entre si en pos del general de turno, y esto no solo llevaba al colapso económico y administrativo del imperio sino que los pueblos germanos y los persas, todos ellos limítrofes, percibieron la debilidad y atacaron de forma salvaje. El prestigio y el temor del que antes gozaban las legiones quedo por los suelos. A ello le tenemos que añadir el gran numero de bajas que las guerras civiles producían y que dejaron al ejército falto de efectivos y en un estado lamentable.

Naturalmente si el imperio ya no podía defenderse a sí mismo, la gente antaño orgullosa dejaba de creer en el y el la capacidad del gobierno de solucionar las cosas. Esto produjo que cada vez más las provincias se fueran aislando unas de otras, amurallando sus ciudades y enrareciendo el comercio y el intercambio de ideas o la movilidad de sus gentes por temor tanto a los frecuentes saqueos y ataques de los bárbaros, como por temor a que cualquier usurpador decidiese revelarse contra el emperador de turno y se volviese a desencadenar una guerra.

Los césares ya no se dedicaban a gobernar y a procurar prosperidad. Su único objetivo a corto medio y largo plazo era su propia supervivencia, por ello Diocleciano en el año 285 trató de poner fin a esta situación instaurando un sistema conocido como el Dominado, que consistía básicamente en convertir a los emperadores en monarcas absolutos al más puro estilo de Luis XIV, todo rodeados de fasto, ceremonias, sacralizados y envueltos en ropas púrpuras hechas de oro y plata.


Dificilmente se puede gobernar correctamente nada desde la tiranía y desde el temor a ser derrocado. Los emperadores que le siguieron como el famoso Constantino y sus descendientes, además de hacer oficial el cristianismo como la nueva religión del Imperio, se dedicaron a llenarlo de policía secreta, de eunucos y de una ingente cantidad de burócratas y funcionarios corruptos. Llegó a decir un historiador de la época, que había más gente viviendo de los impuestos que gente pagándolos, lo cual nos deja mucho en que pensar sobre como un país puede sucumbir ¿verdad?.

Viendo este panorama ya nos podemos imaginar como podían ir las cosas en otros ámbitos. Se dejó de producir, el descenso de la natalidad produjo que muchas tierras fuesen abandonadas por falta de mano de obra y en unos 100 años la moneda había perdido el 97% de su valor. Tanto era así que el gobierno prefería cobrar los tributos en especia desde finales del siglo III. Con un sistema fiscal por los suelos, el comercio se paralizó, especialmente en las provincias europeas, y si a eso le sumamos la devastación producida por las incursiones de los germanos y de las guerras entre los propios romanos, podemos ver que la antaño floreciente economía imperial basada en el comercio (rápido, fácil y seguro) y la agricultura y manufactura masiva mediante mano de obra esclava, estaba el pleno retroceso.

Obviamente con menos dinero, menos soldados. Aunque la inmensa mayoría de lo recaudado por el Estado, era invertido en defensa, tanto el entrenamiento como la calidad de la tropa ya no eran lo mismo. La clásica imagen del legionario romano con un gran escudo rectangular, armadura y una capa roja, mejor borradla de vuestra mente. Ahora los soldados llevan unas polainas de piel de animal, escudos redondos y pequeños, un par de jabalinas y el que tiene suerte una cota de malla. La disciplina va a la par, y el gran y glorioso ejercito romano poco a poco comenzó a desintegrarse y a sufrir derrotas. Si durante el Alto Imperio y los tiempos de Augusto o Trajano, Roma contaba con unos 500.000 soldados regulares perfectamente adiestrados y equipados (también bien pagados), hacia el año 400, con el imperio dividido en 2, los efectivos reales entre las dos mitades no debían sumar más de 100.000 y la mayoría formados por bárbaros mercenarios, más propensos al saqueo que a defender un imperio que no era el suyo.

Pero ¿qué le pasó al ejército?¿por que degeneró así?... primero, por falta de recursos del gobierno central, segundo por falta de efectivos debido a un tremendo descenso de la natalidad en todo el imperio, y tercero por que durante casi 100 años el ejército no hizo más que luchar contra sí mismo y lo que quedó fueron los restos que ya no estaban compuestos ni siquiera por romanos, ya que en su desesperación, los emperadores, generales y caudillos se veían en la necesidad de hacer las levas entre mercenarios germanos o hunos y depender de gente muy peligrosa, dispuesta a traicionar y destruir a la más mínima oportunidad.

Resumiendo hasta ahora hemos visto una crisis política, que desencadena una crisis militar y económica. Vemos campos y sobre todo las ciudades muy despoblados, y a la gente desconfiar del Imperio y su capacidad para procurarles siquiera lo más mínimo. Esto parece un panorama algo pesimista y desolador pero más o menos fue la sensación que tenían los habitantes desde dentro del imperio.


Desde fuera, vemos que se produjo un micro cambio climático y el nivel del mar del norte subió e inundó muchas tierras cultivables. La temperatura descendió un par de grados y los inviernos se recrudecieron.
Todas las tribus bárbaras que llevaban miles de años viviendo entre el Rin y escandinavia se vieron afectadas, y combinando esto con el hecho de un aumento en su natalidad y la presión que sufrían por parte de otras tribus que venían de aun más lejos como los hunos o los eslavos, les empujo peligrosamente contra el limes romano en busca de tierras más prósperas.

Hasta el año 376 el Imperio, de una forma u otra había conseguido repeler todo intento de invasión serio, aunque con grandes pérdidas. Sin embargo esto estaba a punto de cambiar. Ese año el emperador Valente fue derrotado y muerto por los Godos en la Batalla de Adrianópolis, dejando en el campo de batalla a la práctica totalidad del ejército romano y a 37 generales. Fue el mayor desastre militar desde los tiempos de las guerras púnicas de seis siglos antes.

Esto supuso que todas las tribus no encontrasen ya prácticamente oposición, y en el plazo de unos 70 años toda Europa estaba invadida y Roma saqueada.

No hace falta decir aquí el papel que jugaron Atila u otros caudillos bárbaros como Alaríco o Genseríco, por que eso son ya elementos más específicos y estamos tratando de dar una visión general, pero conviene tenerlos en mente, pues si hemos dicho que entre la muerte de Cómodo en el año 193 y la batalla de Adrianópolis en 376 Roma se destruyó a sí misma, a partir de entonces y hasta el año 476 (cuando fue depuesto el último emperador de occidente), lo sería desde fuera, puesto que fueron los enemigos externos los que aprovecharían esta debilidad y dieron buena cuenta de ella.

Por último, también nos queda hablar del elemento cultural, pues hay que destacar que el Imperio, se dividió formal y permanentemente en 2 mitades en el año 395 tras la muerte del emperador Teodosio. ¿Por qué esta división?¿no era el imperio uno?... pues bien, si lo era. El imperio siempre fue considerado uno e indivisible, cuyo corazón era a ciudad de Roma. sin embargo por todo lo que hemos visto anteriormente, y la inmensa cantidad de problemas a los que cualquier emperador tenía que enfrentarse, ya desde el siglo II se comenzó a hacer frecuente que un general o un co-emperador se hiciese cargo de las provincias de oriente y otro de las de occidente. Resultaba así más sencillo controlar al ejército e impedir que un usurpador basase su rebelión en la dejadez de un emperador lejano y ajeno a los problemas reales del pueblo. También aliviaba la carga de gobierno. Sin embargo la cosa fue siempre provisional, como una pura división administrativa temporal hasta que la situación tomase otro rumbo y todo volviese a ser como antes. Desgraciadamente no fue así. En cada mitad comenzaron a desarrollarse burocracias propias, cada una celosisima de su autoridad, y ciertas diferencias culturales; en la parte oriental, la cultura helénica y el griego tenían más presencia que el latín, y a su vez en Europa y la parte occidental, el elemento romano era el imperante.

Con la fundación de Constantinopla en el 330, la parte oriental ya tenía hasta su propia capital, y lo que empezó siendo algo temporal, devino permanente y oficial cuando el emperador Teodosio dividió el imperio en dos, dejando la parte occidental a su hijo Honorio y la oriental a su otro hijo Arcadio. A partir de entonces ya nada sería igual. Mientras occidente se veía sumido en un mar de invasiones germánicas y lo que quedaba del antiguo poder imperial se desvanecía en la nada, oriente, por su situación geográfica se vio mucho más favorecido y pudo resistir, hasta el punto de pervivir durante 1000 años! e incluso un siglo después de la desaparición de occidente fue capaz de recuperar la mayoría del territorios perdidos.



Sinceramente, fue Virgilio quien mejor expresó la idea de lo que fue Roma  en un verso inmortal : "Que otros esculpan un bronce que se ablande y respire, Saquen del mármol rostros vivos, Vuelen a más altura en su elocuencia, midan con el puntero los cielos y contemplen el orto de los astros, Pero tu misión es, acuérdate pueblo romano, regir las naciones con tu imperio, imponer al mundo tus saberes, otorgar la paz al vencido y arrollar a los soberbios que se te opongan ... "
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