28 de noviembre de 2013

La vida de Aquiles

"Canta oh diosa, la cólera del pelida Aquiles, cólera funesta que causó infinitos males a los aqueos"...

Con estas palabras no solo comienza la Iliada de Homero, sino toda la cultura occidental. Aquiles fue por un lado el más famoso y distinguido de todos los héroes griegos y a su vez representaba algo mucho mayor; el arquetipo del espíritu del hombre griego, con todos su vicios y sus virtudes llevadas a su máximo exponente.Y algo que significaba tanto para la cultura griega quiere decir que significa mucho también para la nuestra, y por ende tenemos el deber de conocer y conservar la memoria del mayor guerrero que según parece anduvo por la tierra.

Robert Graves lanzó una acusación severa a sus contemporáneos diciendo que no se puede ser una persona realmente culta sin conocer en profundidad la mitología griega. No podemos estar más de acuerdo, y por ello he decidido iluminar un poco a los curiosos, pues la gran mayoría de la gente, solamente conocen unos mínimos datos de este archifamoso personaje y el resto tienen una idea errónea y sesgada por el cine o las novelas, que son estupendas para entretener pero de las que nunca nos hemos de fiar.

Aquiles era hijo de Peleo. Peleo era el rey de los mirmidones y en su juventud fue uno de los argonautas que partieron con Jasón a buscar el vellocino de oro. De esta aventura se trajo mucha fama y riquezas a casa, donde su siguiente objetivo fue formar una familia. Para ello necesitaba en primer lugar una esposa y no una cualquiera, pues Peleo se había enamorado de una ninfa, es decir una diosa inmortal, y eso la hacía una mujer difícil de conquistar. Tras mucho esfuerzo lo consiguió, y tras violarla, la desposó (en la mitología griega la violación es algo de lo más normal y raro es el que no la practica).

A la boda entre Tetis y Peleo acudieron todos los reyes y príncipes de Grecia así como los propios dioses olimpicos, y la celebración fue uno de los momentos más felices que encontramos en unos mitos repletos de tragedia y drama. Sin embargo, ni siquiera ahora se puede librar uno del destino, pues fue durante el banquete de bodas cuando la diosa de la discordia Eris, molesta por no haber sido invitada, lanzó sobre la mesa una manzana de oro "para la más bella", título que las 3 diosas más poderosas (Hera, Atenea y Afrodita) se diputaban, lo que a la postre será la ruina de Troya, pues Paris, hijo del rey Priamo, juzgó que era Afrodita la más hermosa y su premio fue la hermosa Helena.

Al poco tiempo nació Aquiles, semidios al igual que la mayoría de los héroes de la época, pero con un destino mucho mayor, pues a su madre le había sido profetizado que Aquiles tendría que elegir entre disfrutar de una vida larga y feliz pero carente de importancia o una vida efímera pero intensa, cuya gloria sería inmensa. Realmente si nos ponemos a pensarlo muy en profundidad y con la debida calma, descubriremos que de algún modo todos tenemos que tomar esa elección metafórica en algún momento de nuestra vida. Asustada, Tetis sumergió a su hijo en la laguna estigia, lo que hacía invulnerable su cuerpo a las heridas, pero al sumergirlo lo sujetó por el talón, con lo que esta parte quedó desprotegida.

Unos años después, el joven niño ya destacaba por lo impulsivo de su carácter y su valor a toda prueba, y por ello su padre lo envió a ser educado por el sabio centauro Quirón, que le enseño todas las cosas que un príncipe debía de saber y por supuesto lo instruyó en el ejercicio de las armas, que era sin duda para lo que quien se convirtió en su alumno favorito estaba más dotado.

Al volver a casa se encontró con que Ulises y compañía preguntaban por él para hacerlo embarcar hacia Troya, pero su madre se oponía a que participara en esta expedición pues conocía cual funesto sería para Aquiles, por lo que se lo llevó a la corte del rey Licomedes y allí lo escondió vestido de mujer. Sin embargo Ulises que por encima de todo era muy astuto lo descubrió y le convenció de acompañarles, aunque no sin algunas reticencias pues acababa de tener un hijo con una de las hijas de Licomedes al que llamó Neptólemo y que sería su único descendiente.

Así pues partieron todos juntos, aunque Aquiles disfrutaba sobre todo de la compañía de su amigo de la infancia Patroclo, al que conoció durante su estancia con Quirón y por el que sentía un un amor apasionado. Para los griegos las mujeres eran un mal, hermoso pero un mal, y su función era la de procrear hijos. Los hombres que se enamoraban de las mujeres estaban cometiendo una especie de vicio sobre el que pesaba algún castigo como le sucedió a Paris con Helena, pues el verdadero y puro amor solo podía existir entre hombres, entre iguales.

Al arrivar a Troya, se dedicaron durante 9 años a matar y saquear sin miramientos. Aquiles era el guerrero más temido de entre los griegos, pues era tremendamente fuerte y veloz, a la vez que amado por los dioses y cuyo ímpetu en la batalla nadie contenía. Era también un hombre de una belleza incomparable pero despiadado que mató a muchos enemigos con gran facilidad y a los que humilló de múltiples maneras. A su vez violó sin escrúpulos a varias mujeres e incluso practicó la necrofilia con el cadáver de una jefa amazona.

Pese a todo, y ya casi al final encontró su corazoncito en Políxena, una de las hijas del rey de Troya Priamo y hermana de Hector y Paris, sus mayores enemigos y defensores de la ciudad. Pese a los inconvenientes de la situación, comenzó a negociar con Príamo su matrimonio con Políxena (lo que nos hace dudar de su lealtad hacia los griegos y en especial hacia Agamenón) a cambio de pasarse al otro bando y socorrer a los troyanos en la guerra, y aunque eventos posteriores lo hicieron imposible, permaneció enamorado de ella hasta después de muerto.

El hecho que marcó un punto de inflexión en los acontecimientos fue el conflicto que tuvo con el comandante de los griegos, el rey de Micenas Agamenón. Éste le había injuriado al quedarse con una esclava que correspondía a Aquiles. Naturalmente la respuesta no se hizo esperar pues Aquiles era un hombre valeroso pero muy apasionado y el ataque de ira que tuvo fue algo desproporcionado. De este modo se negó a volver a luchar por los griegos hasta que su honor hubiese sido redimido, lo que supuso que esto sufriesen una derrota tras otra a manos de los troyanos eficazmente liderados por el príncipe Hector.

Tras algunos meses los griegos estaban desesperados y Agamenón imploraba perdón, pero Aquiles era orgulloso y no fue hasta que vio caer a su amado Patroclo que se reconcilió con los griegos y decidió retornar a la batalla con una furia desconocida hasta entonces y que incluso haría temer a los mismo dioses.

Lo primero que hizo fue vengar a su amigo muerto y por el que lloró amargamente matando a su verdugo, Héctor. Después de darle muerte humilló su cadáver paseándolo por ahí en su carro y dejándolo a la intemperie para que perros y buitres se diesen un festín, lo que para un noble griego era un sacrilegio atroz. Para recuperar el cuerpo y darle el entierro apropiado, tuvo el rey Priamo que ir hasta su tienda y rogárselo efusivamente a la vez que le ofreció numerosos presentes, lo que Aquiles aceptó.

Fue el combate con Héctor lo que selló su destino, pues no solo le proporcionaría toda la gloria que se puede alcanzar en vida, sino que le trajo el respeto de sus amigos y el odio de sus enemigos, en especial de Paris, hermano del pobre Héctor y que estaba llenó de resentimiento hacia Aquiles.

Al poco tiempo tuvo su oportunidad de matarlo, pues el dios Apolo que también lo odiaba por haber saqueado su templo, le dió a Paris su propio arco y unas flechas que jamás fallaban y el destino hizo el resto. Las flechas de Paris fueron a dieron a Aquiles en el talón que lleva su nombre y que era el único punto en el que era vulnerable. Murió y fue incinerado y llorado. Su pérdida fue un revés tremendo para el ejército griego, que jamás hubiese podido tomar Troya sin la ayuda del adolescente hijo de Aquiles Neptólemo, que acudió a vengar a su difunto padre y que fue determinante para la victoria griega.

Pese a todo, y una vez saqueada la ciudad, el fantasma de Aquiles no estaba conforme y demandó que se sacrificara a la hermosa Políxena para que pudiera tenerla con él, por lo que la pobre chica fue quemada viva y Aquiles no volvió a aparecerse dejando a los griegos en paz y a su hijo heredero de gran renombre.

Cuenta la leyenda que en el más allá, Aquiles y Helena de Troya se casaron y aun viven juntos, siendo venerados por ser los más hermosos y los mejores de entre todos los seres que existen o existirán, como el ideal de la perfeccíon.

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26 de noviembre de 2013

Los diez mejores ejércitos de la historia

Vamos a clasificar a los mejores y más poderosos ejércitos de todos los tiempos. En primer lugar voy a hacer unas precisiones; los criterios de valoración que he utilizado son criterios objetivos, basados principalmente en la importancia de sus victorias, la tecnología, la capacidad de los mandos o la preparación y lealtad de las tropas y sobre todo en la impronta que dejaron a la posteridad, es decir cuanto y como cambiaron el mundo (por supuesto no hago referencia aquí a los grandes crímenes que cometieron siendo esta otra cuestión). Sin embargo, esto no quiere decir que la clasificación que voy a dar sea objetiva sino más bien todo lo contrario.

Esta es solo mi opinión, que naturalmente me parece muy bien fundamentada. A su vez debo decir, que en la siguiente lista he abarcado todos los periodos, desde la edad de los metales hasta la segunda guerra mundial, pero no he querido entrar a valorar los últimos 50 años, pues desde el comienzo de la era atómica resulta difícil encontrar oportunidades de analizar guerras simétricas que nos den datos sobre la operatividad real de las distintas fuerzas armadas. También me parece un poco pronto para analizar el verdadero papel del ejército estadounidense, pues aun no se puede calibrar la importancia histórica que tendrá para el futuro aunque su poder abrume en el presente.

Así pues vamos a comenzar de menor a mayor para hacerlo más interesante:

10 - El ejército imperial japones: Desde los tiempos de Japón feudal con los famosos samurais, los japoneses han sobresalido como grandes guerreros, los mejores dirían algunos, de un valor a toda prueba y por cuyo honor dan fácilmente la vida, sin embargo hasta finales del siglo XIX actuaban más como soldados individuales o pequeños vasallos militares que como cuerpos de ejército compactos que bajo una bandera se dedicaran a empresas estratégicas o a grandes conquistas en vez de a una endémica serie de guerras civiles. Pero como hemos dicho, esta situación cambió con las reformas del emperador Meiji y con la creación del Estado japones moderno, que en plena carrera colonial, entreno y modernizó sus topas a la manera prusiana y conservó en herencia toda la tradición militar de los antiguos samurais.


Inmediatamente después y en un plazo récord de 30 años desde su creación, el nuevo ejército nacional japones se lanzó a la conquista de toda Asia, derrotando primero a China, (anexionándose Corea y Taiwan) después a la Rúsia zarista en 1905, y dándose a conocer al mundo como gran potencia al arrebatar a Alemania multitud de islas del pacífico tras la primera guerra mundial. Era un ejército tremendo, formado por unos 3 millones de hombres de una lealtad fanática a su patria y a su emperador.

También poseía un armamento de última generación y la industria militar japonesa se contaba entre las mejores del mundo. Sin embargo como sucede siempre que una sociedad evoluciona materialmente demasiado deprisa, la mentalidad no lo hace al mismo ritmo, lo que a larga se puede hacer fatal. Por otro lado las tácticas que empleaban eran brutales y retrógadas más propias de la edad media que del siglo XX, que aun hoy han sembrado odio y rencor por todas partes. Además Japón carecía de recursos naturales suficientes para respaldar sus ambiciones bélicas por lo que pese a la calidad de su infantería no estuvieron a la altura del duelo que le lanzáron al mundo y terminaron sufriendo la devastación nuclear que puso punto y final a su efímero imperio en 1945.

9 - La Royal Navy: Inglaterra es un país de grandes marinos, y el éxito de que el Imperio Británico disfrutó durante se siglos, se debió casi enteramente al poder de su armada. Fue Enrique VIII quien comprendió que Inglaterra solo podía ser defendida por mar y el primer monarca que empleó la artillería naval a la vez que se embarcó en un grandioso programa de diseño y construcción de la que anhelaba fuese la armada más poderosa de Europa, título que por entonces ostentaba orgullosa España. Es precisamente la decadencia del imperio español la que dejó un vacío en los mares que ingleses y holandeses se apresuraron a llenar tras lo que del pirateo, los ingleses comenzaron a interesarse también por la exploración.

No pasó mucho tiempo hasta que se dieron cuenta de la gran oportunidad de construir un imperio mundial y para poder vivir de el. Así comenzaron a establecer puertos y colonias en todas partes de forma que sus barcos pudieron circunnavegar el globo casi sin inconvenientes. Todo esto por supuesto requería la presencia permanente de una escuadra inmensa, lo suficientemente grande como para estar en todas partes, desde Hong Kong hasta Portsmouth, y asegurar el buen desarrollo del comercio. Los marineros ingleses comenzaban su vida militar desde niños y ya en la adolescencia conocían los océanos como la palma de su mano.

Sus barcos eran los mejores y más rápidos, lo que se pudo comprobar de primera mano en la batalla de Trafalgar. Ninguna armada enemiga salió victoriosa durante 200 años y el nombre de almirantes como Nélson aseguraron al imperio británico la supremacía naval hasta después de la segunda guerra mundial. Fue este último conflicto armado el que pudo finalmente con Gran Bretaña, que para resistir frente a la Alemania nazi tuvo que entregar a los Estados Unidos gran parte de sus puertos estratégicos de ultramar como contraprestación por la ayuda recibida y un gigante fue sustituido por otro.

8 - El ejército de Quin: Quin shi Huang fue el primer emperador de China, y durante toda su vida, su mayor objetivo fue conquistarlo todo bajo el cielo, cosa que hizo, y si pudo conseguirlo no fue precisamente repartiendo amor y besos sino por que dispuso de una herramienta excepcional : su fabuloso ejército. Este estaba compuesto por un millón de soldados profesionales, perfectamente equipados con armaduras de acero de una calidad desconocida en occidente, y respaldados por divisiones de temibles arqueros y ballesteros que hacían de matar una ciencia precisa.


Con estas fuerzas en liza, pudo derrotar con facilidad a los otros 6 reinos que por entonces componían la China antigua y que han quedado inmortalizados en forma de estatuas de terracota como custodia eterna de su emperador. Si es cierta la leyenda y resulta que se pudo llevar con sigo su ejército a la otra vida, es probable que el otro mundo haya sido también conquistado...

7 - Los hoplitas espartanos: Decía Indro Montanelli que la ciudad de Esparta no tenía un ejército, lo era. Su fama es universalmente conocida por haber consagrado toda su existencia a las armas. Fue Licurgo el estadista que ocho siglos antes de Jesucristo introdujo en Esparta las leyes por las que se instituía la agogé y que obligaba a todo espartano a dedicar el resto de su vida a servir a la patria. Por ella, desde los 7 años ingresaban el el ejército y eran sometidos a un entrenamiento tal, que muchos militares actuales comparan con el que reciben los boinas verdes y otras fuerzas especiales modernas. Ello forjaba a los mejores soldados de Grecia y del mundo. Estaban equipados con el hoplos o escudo con el que formaban en falange como una linea impenetrable.

También portaban una larga lanza e iban recubiertos de una armadura pesada que los hacía casi invulnerables a las armas arrojadizas. sin embargo prácticamente no contaban con caballería. Eran soldados absolutamente entregados a su causa y para los que morir en combate era el mayor de los honores y cuyos reyes eran todos veteranos combatientes. Los espartanos tuvieron que probar su valor primero sometiendo Laconia, después casi todo el Peloponeso y más tarde haciendo frente a los persas en la guerras médicas. El mayor conflicto en el que tomaron parte y que los iba a catapultar a la hegemonía, fue la Guerra del Peloponeso que los enfrentó al imperio ateniense y de la cual salieron victoriosos. Pese a este fugaz momento de gloria, el ejército espartano sufrió un descenso importante de efectivos y en 374 a.C. solo quedaban unos pocos cientos incapaces de defender todo lo que habían logrado. Fueron derrotados por los tebanos de Epaminondas y ya no volvieron a levantarse siendo incorporados al imperio romano un siglo más tarde.

6 - Los tercios españoles: Tras casi 8 siglos de guerra con los musulmanes, los Reyes Católicos disponían de las mejores tropas de Europa, curtidas en la batalla y que además incorporaron con éxito las armas de fuego a su equipamiento medieval. Su nieto, el emperador Carlos V ya no solo pretendía combatir a los infieles, sino que construyó el primer imperio global de la historia y el mayor que se había conocido desde los tiempos de Roma. Para mantener su hegemonía y combatir a turcos, ingleses y franceses reclutó soldados de todos los territorios de su imperio, pero principalmente se apoyó en los castellanos con los que formó el núcleo duro de lo que se llamó tercios.

Eran estos divisiones militares de unos 3000-5000 hombres, que se consideraban herederos de las antiguas legiones romanas y pusieron fin a casi mil años de supremacía de la caballería en el campo de batalla. Iban armados con unas largas picas muy parecidas a las sarisas que utilizaron los macedonios de Alejandro Magno y como apoyo contaban con compañías enteras de arcabuces y cañones.


La sola presencia de estas unidades causaba pavor y mantenía en paz los territorios donde estaban estacionados. Fue la guerra de Flandes la que los hizo famosos, ya que durante 30 años no pararon de causar derrotas a holandeses y franceses. Sin embargo, España tenía serios problemas financieros y no podía mantener a unos ejércitos tan caros, que a menudo pasaban largos periodos sin cobrar o les faltaban suministros de toda clase. A finales del siglo XVII estaban exhaustos y faltos de hombres. España ya había dejado de ser una gran potencia, pero aun se hizo necesario la alianza de 4 potencias europeas para derrotarla y licenciar a estos formidables soldados.

5 - Los jinetes mongoles: Cuando uno mira un mapa y ve la extensión que tuvo el Imperio mongol, no puede dejar de impresionarse. Más de un tercio del planeta obedecía las órdenes del Gran Khan, y esta hazaña a diferencia de muchas otras, no se llevó a cabo con medios políticos o económicos, ni fue un proceso lento y gradual en el tiempo. Fue guerra y solo guerra lo que llevó a los mongoles a dominar el mundo. Para esta conquista ante todo disponían de un líder sin parangón; Temujin llamado también Gengis Khan y después a la que probablemente fue la mejor caballería del mundo. Los jinetes mongoles al igual que sus antepasados hunos, vivían de los caballos, es más los veneraban.

Eran un pueblo tribal, nómada y turbulento y jamás tuvo conciencia de formar una nación en medio de la estepa, hasta que Gengis Khan los unificó por la fuerza. Su estilo de lucha era simple, velocidad y ferocidad. Iban armados con arcos y espadas curvas con las que atacaban países a la velocidad del rayo. No dejaban tiempo a sus enemigos civilizados para reaccionar o defenderse pues antes de que se dieran cuenta ya tenían encima a una horda de varios cientos de miles de mongoles. Estos no conocían la piedad, y les entusiasmaba coleccionar calaveras humanas y amontonarlas sobre las ruinas de lo que antes fueron prosperas ciudades.


Primero invadieron China, cobrándose la vida de unos 30 millones de personas. Después pasaron a ocupar toda la estepa siberiana y los reinos centro asiáticos de origen turco como el imperio jorezmio y el reino uzbeco. Más allá asolaron Persia y incluso su vanguardia alcanzó Hungría, donde al fin se detuvieron. Solo conocieron la derrota cuando en tiempos de Kubilai Khan fracasaron en su intento de invadir Japón y aun así esto de debió sobre todo a una tormenta y pese a todo su imperio se mantuvo por siglos. Todavía hoy los mongoles conservan la leyenda de que el gran Khan volverá una vez más a guiarlos de nuevo hacía la gloria.

4 - La falange macedonia: Uno puede dar la vuelta al mundo y en cualquier lugar la gente conocerá el nombre de Alejandro Magno. Desde su muerte, todo general ha soñado en su corazón con repetir sus gestas. Pero como le dijo su amigo Clito, las victorias de Alejandro no las había conseguido el solo, sino que se debían a todos los hombres que le habían apoyado empezando por su padre Filipo. Fue él, el artífice de la unión de macedonia con Grecia, y quien le dio a su hijo la oportunidad de destruir el imperio persa. esta oportunidad radicaba en sus soldados, toscos pastores macedonios convertidos en espléndidos guerreros.

Estaban armados al modo hoplita, pero sin los grandes escudos, lo que los hacía una infantería mucho más móvil y eran portadores la largas lanzas de roble de unos 5 metros de largo llamadas sarisas con los que creaban una muralla impenetrable como si fuera un erizo. En las alas, contaban con grandes formaciones de caballería ligera y en vanguardia con unidades de peltastas y arqueros de corto alcance.

Estas tropas eran absolutamente leales a Alejandro, al principio al menos, y eran dirigidas por uno de los mejores generalatos de la historia de la humanidad. Hombres del fuste de Tolomeo, de Crátero,Pérdicas o Antigono, los luego llamados diadocos, eran generales profesionales y que siempre estaban en primera linea, compartiendo con sus hombres los horrores de la batalla. Eran hombres muy capaces que contribuyeron no poco a aplacar las ansias inconscientes de su rey. Primero derrotaton al rey persa Dario en la batalla de Issos, a lo que siguió la conquista de Fenicia y Egipto. Los macedonios eran a su vez expertos en la guerra de asedio e idearon todo tipo de máquinas diabólicas para asaltar ciudades (los romanos luego aprendieron mucho de ellos).

Tras la definitiva batalla de Gaugamenla, el imperio persa aqueménida cayó derrotado y así la gran aventura de Alejandro llegó hasta la India, donde se detuvo ante los motines que los soldados realizaban ansiosos por volver a su tierra. La muerte de Alejandro en 323a.C. llevó a la división de su imperio entre sus generales y el otrora glorioso ejército macedonio, pasó a luchar contra si mismo en una serie de guerras civiles que lo hicieron desaparecer por completo.

3 - La grande armée de Napoleón : Como estamos viendo, detrás de cada gran conquistador hay un gran ejército y al menos Napoleón tuvo el detalle de darle este título al suyo. Fue sin duda su genio militar y sus amplisimos conocimientos en armas y técnicas modernas, lo que convirtió al inexperto ejército de la recién creada república en una apisonadora capaz de dominar Europa.

En su momento de máximo esplendor, las fuerzas del emperador contaban a casi un millón de hombres entre sus filas, número desproporcionado para los estándares de la época. Los éxitos espectaculares que este ejército cosecho, se debieron en gran parte a la nueva plana de oficiales, que antes de la revolución solo podían ser de origen noble y que tras ella, (como el mismo Napoleón fue) quedaba abierta a los plebeyos, dando mayor importancia a los méritos y al talento que al nacimiento, algo que en el resto del continente no sucedió. Famosos son los nombres de los 26 mariscales de Napoleón que siempre bajo su mando contribuyeron no poco a sus victorias. Aunque el ejército imperial francés no incorporó ninguna nueva innovación tecnológica, estaba perfectamente equipado y tras unas serie de campañas en Italia y Austria gozaba de una gran experiencia y de una confianza ciega en su líder.


El punto débil de este engranaje casi perfecto, fue la carencia de una flota (destruida en Trafalgar) y pese a todo, permanecieron invictos en el campo de batalla. Fue la naturaleza la que quebrantó su buena suerte y sello su destino, haciendo cierta la máxima de que Rusia se traga a los hombres. En la derrota final de Waterloo, los hombres con que antaño contaba el ambicioso Napoleón estaban ya a dos metros bajo el suelo y sus reemplazos no eran ni de cerca de la misma calidad y preparación.

2 - La wehrmacht: Acercándonos al final, tenemos en segundo lugar al poderoso ejército del III Reich. No es casualidad que la Alemania nazi disfrutase de una superioridad militar tan abrumadora, pues por culpa del Tratado de Versalles, se prohibió a Alemania el contar con unas fuerzas armadas dignas de ese nombre. Por ello tras la llegada de los nazis al poder, la primera cosa que hicieron fue consagrarse en cuerpo y alma a la creación de un ejército de último modelo que incluyese todos los avances de la época, apostando fuertemente por los tanques, los submarinos y los aviones mientras los demás países se quedaban anticuados.

Durante la segunda guerra mundial más de diez millones de hombres asolaron a prácticamente toda la Europa continental  y el norte de África, gracias a la Blitskrieg o guerra relámpago. Esta consistía en envolver y destruir a los ejércitos enemigos en campaña antes que en centrarse en otros objetivos estratégicos como la toma de ciudades. Para lograr estas complicadas mani

obras se necesitaban grandes divisiones de carros de combate apoyados por contingentes de infantería mecanizada y un techo aéreo contundente, por no hablar de la tremenda capacidad que los generales tenían que realizar y puedo afirmar casi sin temor a equivocarme, que el generalato alemán de este momento fue el mejor de toda la historia. Hombres como Erwin Rommel, Von Manstein, Von Bock, o Heinz Guderian eran genios militares herederos de una larga tradición prusiana, admirados y temidos por sus enemigos y que fueron los cerebros detrás de todas las victorias.

El soldado alemán contaba a parte de con el fanatismo nazi, con el mejor equipamiento y una operatividad tremenda sobre cualquier terreno. Pero pese a sus muchas ventajas no era un ejército perfecto pues su logística estaba anticuada y todavía dependía esencialmente de los caballos para transportar materiales y cañones, lo que ralentizaba mucho el avance y una carencia de recursos naturales y de combustible que hacía peligrar toda su estructura. Fue sin embargo la mala cabeza de Hitler para los asuntos bélicos lo que empujó a la wehrmacht a estirarse más allá de sus fuerzas y a contender en una guerra que no se podía ganar, y pese a todo mantuvo el tipo y peleó hasta el final triplicando el número de bajas enemigas por cada una propia.

1 - El ejército alto imperial romano: Llegamos al final, al número 1, este es el mejor y más poderoso ejército de la historia, pero cuidado, el ejército romano es una institución tan larga como su historia y durante 1000 años sufrió muchos cambios, por lo que nos referimos al momento de mayor esplendor del Imperio Romano, el Alto imperio, época que abarca unos 200 años, desde Augusto a Marco Aurelio y que refleja la imagen de aquel soldado clásico que avanza en formación tortuga y porta un gran escudo rectangular. En este momento el ejército lo componen unos 500.000 hombres, desplegados a lo largo de 3 contienetes. Estos hombres eran todos voluntarios y profesionales, que tras un largo periodo de riguroso entrenamiento, contraían la obligación de servir durante 25 años.

Los romanos disponían de toda la tecnología de la antigüedad clásica, tanto por tierra como por mar y la emplearon para equipar a sus soldados con uniformes completos que incluían, una armadura pesada pero flexible, la lorica, la lanza romana o pilum, una espada corta llamada gladius, y a parte del casco, el escudo y las caligas o sandalias. El estado pagaba un salario regular de unos 200 euros a cada soldado y bastante más a los centuriones y tribunos de cada unidad. Fue la organización, la que proporcionó a los romanos sus mayores logros, pues su estructura en legiones, cohortes, manípulos y centurias les permitía una gran movilidad en el campo de batalla, por no hablar de su legendaria disciplina.

El soldado romano conocía perfectamente todos los toques de trompeta y señales visuales de ataque y retirada frente a los que reaccionaba al instante, siempre en formación cerrada, combatiendo con la máxima profesionalidad. También fueron maestros de la guerra de asedio, lo que se hace palpable tras la toma de todas las ciudades las ciudades del mundo, y fortalezas consideradas inexpugnables como la de Masada, que Vespasiano redujo a cenizas. Los generales romanos no eran profesionales, sino senadores o equites que ejercían el mando de una provincia o una legión durante un tiempo limitado, pues los emperadores temían que estos se alzasen e intentaran derrocarlos, lo que a larga supuso un perpetuo estado de guerra civil y llevó al imperio al colapso y al fin.


Pese a todo los romanos tampoco eran invencibles, pues el espacios cerrados eran vulnerables como sucedió en los bosques de Teutoburgo, donde treinta mil hombres perdieron la vida. Quizá dependían demasiado de batallas abiertas y enemigos organizados, pues frente a los guerrilleros germánicos o pictos se mostraron menos eficaces. Creo sinceramente que la mejor prueba de la calidad de este ejército es el simple hecho de que fueron capaces de mantener seguro y unido durante siglos al mayor imperio de todos los tiempos, una labor titanica.


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24 de noviembre de 2013

La primera guerra mundial

Para los curiosos, el estudio de la primera guerra mundial puede parecer como un tesoro escondido, cuando la descubres, te das cuenta de la cantidad de cosas increíbles que se pueden aprender y que sobre todo no debemos olvidar. En comparación con la segunda, esta primera gran guerra todavía estaba en pañales, la mayoría de técnicas y armamento eran aun decimonónicos, sin embargo, durante los cuatro años largos que duro la guerra, se produjo un cambio muy hondo en la gente y sobre todo en las ideas.


Es imposible poder comprender la historia del siglo XX sin empezar desde el principio, y este se escribió en las trincheras, de donde unos años después surgirían todos los líderes que después configurarían un nuevo mundo que nos han legado, y que nunca olvidaron las lecciones amargamente aprendidas entre fango y sangre. Por ello presento aquí un amplio reportaje sobre este trascendental y global conflicto armado que seguro no dejará a nadie indiferente. En total son 10 capítulos de una hora cada uno que nos relatan la guerra desde todos los frentes con sus motivaciones y consecuencias, siendo el último especialmente un emotivo epitafio para todas aquellas personas que dieron su vida por la grandeza de su nación.

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9 de noviembre de 2013

La frontera romana, el limes, por Indro Montanelli

Indro Montanelli tenía un don, el de la palabra, sobre todo el de la palabra escrita. Nadie como él es capaz de transmitir los hechos y las ideas con tanta claridad y maestría. De su libro "Historia de la Edad Media" he extraído un fragmento sobre cómo se organizaban las fronteras del imperio romano. Aunque yo hubiese intentado hablar sobre lo mismo, me parece que no se puede hacer mejor, así que sencillamente lo reproduzco. Es muy revelador tanto lo que se nos cuenta, como los conceptos que si leemos con cuidado podemos ver entrelineas y quizá alguna reflexión apta para cualquier sociedad humana de cualquier época :

"Para dar una unidad defensiva a su imperio, Augusto fue a la búsqueda de las llamadas «fronteras naturales», y las encontró sobre todo en tres grandes ríos: el Eufrates, el Danubio y el Rin. No obstante, en los puntos en que hubo que atravesarlos para asegurar y defender alguna zona en la orilla opuesta, se había construido un limes, es decir, un confín fortificado. Basta considerar la extensión de aquel imperio euro-asiático-africano, para darse cuenta de que debía de tratarse de una obra gigantesca; y de hecho no la
decidió ni realizó un solo hombre, ni dos o tres, sino que fue el resultado del trabajo de muchas generaciones, y nunca fue llevada a cabo por completo debido a que de vez en cuando, por exigencias de las guerras o razones de seguridad, el limes tenía que trasladarse y había que comenzar todo de nuevo.

Debido que no había nacido de un «plan» del estado mayor, sino de las necesidades tácticas y estratégicas de las diversas guarniciones, no era igual en todas partes, pero seguía ciertos criterios fundamentales: ante todo, existían avanzadillas, provistas de fosos, de bastiones de tierra apelmazada, de empalizadas y de torrecillas de observación. Surgían después los campamentos, que ya no eran de tiendas, como cuando las legiones habían mantenido un estado de ofensiva, animadas de un espíritu de conquista, sino de piedra y de cal, es decir, iban transformándose lentamente en verdaderos poblados, aunque solo fueran militares. Mucho más lejos se alzaban los grandes acantonamientos donde vivaqueaba el grueso de los diversos ejércitos, dispuestos siempre a acudir a cualquier punto amenazado del limes.


En el momento en que Adriano perfeccionó este sistema con la famosa «valla» que debía proteger a la Inglaterra romanizada de las belicosas tribus escocesas, el limes aún estaba organizado más para la vigilancia que para la defensa. Había puestos de guardia y cavernas, pero no existían verdaderos fortines preparados para asedios prolongados. Todo estaba calculado para garantizar un cierto margen de seguridad a un ejército en descanso del que se suponía, sin embargo, que reanudaría en cualquier momento su avance. Y cuando se renunció definitivamente a este avance los fortines se transformaron poco a poco en ciudadelas y las ciudadelas en «burgos». Semejante transformación, lenta e interrumpida por momentáneas reanudaciones de programas ofensivos, pero continua, era el síntoma de la esclerosis de un Imperio cada vez más conservador y sedentario.

De hecho, el limes, al igual que su casi contemporánea Gran Muralla y todas las líneas Maginot de todos los tiempos, demostró de inmediato que no era adecuado para su objetivo. En la época de Cómodo, los pictos que descendieron de Escocia lo hicieron saltar en pedazos. Eran bárbaros a los que la civilización ni siquiera había rozado. Cazadores nómadas sin el menor rudimento de agricultura, aún comían carne cruda, tenían comunidad de mujeres y luchaban desnudos, o solo cubiertos con tatuajes monstruosos que reproducían bestias feroces. Se requirió la despiadada energía de Septimio Severo para castigarlos. Pero el valladar ya estaba en ruinas. Y apenas había empezado el siglo III.

Pocos años después eran los francos y los alemanes quienes abrían una brecha en el Rin y devastaban setenta ciudades de la Galia. Las hordas godas lo hundían en el Danubio. Pero es inútil tratar de seguir en orden cronológico las violaciones que se sucedían. Lo que importa es señalar las consecuencias que todo aquello comportó.

La «fortificación» es, antes que obra de ingeniería militar, un estado de ánimo que ni siquiera una situación probadamente inadecuada consigue destruir. Un pueblo que se ha hecho conservador del bienestar, y ciudadano y sedentario de la civilización, comienza a acariciar el sueño de la seguridad, y puesto que ya no puede fiarse en las propias virtudes castrenses, para realizarlo se confía a la técnica. Cuanto más frecuentes se hacían las incursiones de los bárbaros y más amplias las brechas en el limes, más se esforzaban los romanos por tapar los agujeros. Sin embargo, como ya estaba claro que ni siquiera el limes mejor fortificado era capaz de mantenerse en pie, al de la frontera comenzaron a sumarse los del interior, y cada ciudad se dispuso a construir el suyo para cuidar de sí misma.

Los arquitectos se convirtieron en los profesionales más buscados y los personajes más importantes de ese período. El emperador Galieno colmó de favores y de dinero a Cleodamo y Ateneo, a quienes había encargado los muros defensivos de las ciudades danubianas particularmente amenazadas. En los consejos municipales de los diversos centros urbanos, grandes y pequeños, el cargo de asesor de construcción era el más importante y ambicionado, entre otras razones porque era el que disponía de mayores fondos. Verona, puerta septentrional de la península, desarrolló precisamente entonces sus espléndidos bastiones. Y las murallas exteriores de Estrasburgo nacieron antes que la ciudad, que se desarrolló dentro de ellas como en una cuna, en una isla fortificada del río Ili. La misma Roma empezó a fortificarse, y fueron las corporaciones urbanas las que proporcionaron la mano de obra.

Esta clase de construcciones provocó un fenómeno nuevo: la autonomía de las diversas ciudades. En nombre de Roma y por su ley, cuando Roma era fuerte, es decir, hasta finales del siglo II d. C, los particularismos ciudadanos no habían surgido aún o habían sido debelados. El Imperio había impedido la formación de aquellas ciudades-estado, cerradas en sí mismas e incapaces de formar una nación, que habían supuesto la desgracia de Grecia. No había ciudadanos de Nápoles o de Florencia, de Marsella o de Maguncia, sino ciudadanos romanos, nada más. Y como no tenían murallas porque las legiones bastaban para garantizar a todos la seguridad y la defensa, carecían de autonomía política, administrativa y espiritual. En ellas se observaba la misma ley, se hablaba la misma lengua, se estaba orgulloso del mismo Estado. Las fortificaciones que empezaron a rodearlas por razones de autodefensa, fueron al mismo tiempo la prueba evidente de la ruptura de aquella unidad y una de las causas fundamentales que la determinaron. El limes empezaba a dividirse en límites, y dentro de estos se desarrollaban mundos cada vez más independientes entre sí."

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